Los partidos de la Selección Argentina en el Mundial 2026 no alcanzaron para revertir el difícil momento que atraviesa la gastronomía rosarina. A pesar de que dos encuentros cayeron durante el fin de semana, viernes y sábado, el sector asegura que el impacto fue muy limitado y que el consumo sigue dependiendo mucho más del clima, las vacaciones de invierno y el poder adquisitivo que del calendario futbolístico.
"El Mundial no es un disparador para la gastronomía. Esto pasa hace mucho tiempo", resumió Carlos Mellano, vicepresidente de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica de Rosario (Aehgar), al analizar el movimiento registrado durante los encuentros de Argentina.
Casos puntuales
Si bien reconoció que existen algunas excepciones, aclaró que no se trata de un fenómeno que alcance a toda la actividad. "Algunos lugares sí notan la diferencia, pero son pocos", respondió al ser consultado sobre bares que pudieron haber trabajado mejor durante los partidos.
Entre ellos mencionó bares tradicionalmente deportivos, además de algunos fan fest y polos gastronómicos donde suele concentrarse público, como el Mercado del Patio. Sin embargo, insistió en que se trata de casos puntuales y que la realidad es muy distinta para la mayoría de los establecimientos.
El dirigente explicó que el comportamiento del público cambió y que hoy pesan mucho más las restricciones económicas que el atractivo de ver un partido fuera de casa, con picada y asado o empanadas y pizzas, según dé el bolsillo. "Sobre todo para reducir costos. Saber cuánto vas a tener que gastar de antemano no es un dato menor, en este contexto", señaló al referirse a la decisión de muchos grupos de amigos de reunirse en viviendas particulares para seguir los encuentros.
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Promociones
Esa tendencia obligó a los locales gastronómicos a profundizar las promociones para intentar atraer clientes. "Es un momento difícil. El bolsillo no tiene poder adquisitivo, por eso intentamos traccionar con una oferta que seduzca", afirmó.
En ese marco, varios establecimientos diseñaron propuestas especiales para la previa de los encuentros. Mellano contó que algunos ofrecieron promociones de cerveza durante la tarde y otros buscaron captar público con formatos vinculados al vermú, aprovechando un horario intermedio entre la merienda y el comienzo de los partidos.
También observó que la cafetería y las opciones de panificados, bollería, pastelería, sandwichería y productos aledaños ganaron protagonismo dentro del consumo gastronómico en los últimos meses, otro cambio de hábito que el sector intenta capitalizar.
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Vacaciones de invierno
Además del contexto económico, Mellano sostuvo que el clima fue un factor determinante durante el último fin de semana. "Nosotros estamos muy aliados al tiempo", explicó. La lluvia y las bajas temperaturas reducen la circulación de personas y afectan directamente la actividad de bares y restaurantes, especialmente aquellos que dependen de mesas al aire libre o de la afluencia espontánea de público.
Por eso, las expectativas del sector están puestas mucho más en el comienzo de las vacaciones de invierno que en el desarrollo del Mundial. Mellano considera que muchas familias que este año no viajarán por cuestiones económicas pueden optar por realizar salidas dentro de la ciudad.
"La energía hay que ponerla ahora en el receso invernal", sostuvo. En ese sentido, destacó que, cuando el clima acompaña, Rosario suele recibir visitantes de Buenos Aires, del Gran Rosario y de localidades cercanas, un movimiento que beneficia especialmente a los corredores gastronómicos ubicados cerca de parques, espacios públicos y centros comerciales.
A diferencia de otros eventos y fechas especiales que logran llenar bares y restaurantes, el Mundial parece haber perdido capacidad para convertirse en un motor de consumo. Quizás porque el creciente acceso doméstico a tecnología más avanzada, como televisores con pantallas de gran porte, le ha quitado ese encanto a verlo en pantalla gigante en un bar. O tal vez pesen más las razones ligadas a lo económico.
Lo cierto es que para la gastronomía rosarina, la ecuación hoy pasa menos por el bolsillo de los clientes, el estado del tiempo y las promociones que permitan competir con una alternativa cada vez más elegida: reunirse en casa para ver el partido.