A finales de 2010 me mudo a un departamento, con la promesa por parte de uno de los “apoderados” del inmueble de que un cartel luminoso dispuesto con 8 reflectores, perteneciente a la heladería Smart y que está colocado como extensión de las ventanas y ocupando toda la ochava, sería finalmente removido de su lugar. Durante 2 años intenté negociar una solución desde la informalidad, tratando de llegar a un acuerdo con los comerciantes, pero sólo obtuve insultos y burlas como respuestas, además de una redecoración del comercio que incluye plasmas a todo volumen, maquinaria que calienta los ambientes de mi departamento y un aire acondicionado de gran magnitud colocado en la ventana de una de las habitaciones. Una combinación de cosas y de situaciones que se dan de 11 a las 2, de lunes a lunes, quitando toda posibilidad de tener una convivencia sana y amena entre vecinos, ya que a los comerciantes poco les importa la invasión de sus luces e insectos en mi departamento o el alto volumen de sus equipos hasta muy entrada la madrugada. Ellos tienen que trabajar cómodamente, yo tengo que tolerar que ellos tengan que trabajar cómodamente.
Cansada de la situación, que no encontraba una solución adulta y responsable, me dirigí a la Municipalidad, al área de Habilitaciones Comerciales, con el mail de respuesta a mi consulta donde se me indicaba el artículo 22º de la ordenanza 8324/08: “No se admite la instalación de elementos publicitarios que causen molestias, ya sea con vibraciones, ruidos y deslumbramiento, a los ocupantes del edificio donde se instalen y/o de los contiguos”. También me notifican que el permiso de publicidad había sido renovado en el año 2011, conmigo viviendo allí y con una firma que no tiene validez porque no es la mía. ¿La Municipalidad no corrobora estas formalidades? Abrí un expediente, mandaron a un inspector municipal a comprobar la situación, el cual acta mediante me dio la razón, ya que el cartel no sólo provoca molestias sino que además transgrede numerosos artículos de la ordenanza vigente. También me aclaró que no es necesario ser dueño del inmueble para hacer este tipo de reclamos, “que la Municipalidad actúa en función de que ningún ciudadano salga perjudicado”. ¿Y yo? ¿No soy ciudadana? El cartel sigue en el mismo lugar. Después de idas y venidas, en junio pasado los dueños de la heladería fueron notificados: debían sacar al menos “las luces”, según lo que me informó la abogada de la Municipalidad en una conversación telefónica. Situación que fue apelada por el comerciante, sin brindar ningún tipo de solución ni adecuación al problema. Situación que según el área de Habilitaciones Comerciales no iba prosperar, ya que se habían corroborado las molestias que causaba el cartel, asimismo como la falta de fe al no presentar mi permiso para que siga colocado en ese lugar. Seguí insistiendo, hasta que finalmente en septiembre pasado desde el área de Legales de la Municipalidad me piden que entregue la escritura de la casa con el propósito de corroborar quién era efectivamente el dueño del inmueble y dar por terminado el trámite. ¿No me había dicho el inspector que no era necesario ser el “dueño” para efectuar estos genuinos reclamos? Desde marzo pasado, las irregularidades en la Municipalidad son notorias. Dicen una cosa, hacen otra. Mandan una cédula de notificación en junio, luego otra más en octubre. ¿Por qué se les tienen tantas consideraciones a comerciantes que transgredieron las ordenanzas vigentes y además presentaron una declaración jurada con una firma que no correspondía para renovar un permiso por un cartel que literalmente afecta una sana convivencia? Quizás no sabían, o quizás sí. Quizás los comerciantes tienen decorada su casa con estos carteles luminosos y escandalosos. Lo cierto es que aparentemente los ciudadanos de Rosario no somos todos iguales, ni tenemos todos el mismo derecho. Porque yo no tengo una cadena de heladerías, solamente tengo 2 ventanas que quiero poder abrir en verano y una paciencia infinita… porque soy una ciudadana del montón, de esas que se levantan a las 7 para entrar a trabajar, de esas que pagan todos sus impuestos, de esas que tienen que “esperar” que algún empleado público se digne a hacer el trabajo por el cual, mis aportes, colaboran a abonarle su sueldo.
Noelia Ceschini
DNI 26.739.539



































