El capitán Francesco Schettino no era el único distraído el 13 de enero de 2012 cuando encalló el Costa Concordia y murieron 32 personas: un oficial admitió ayer durante el juicio que jugaba a la PlayStation con el cartógrafo cuando ocurrió la tragedia frente a la isla de Giglio.
El hombre que hizo esta increíble confesión sobre el naufragio del crucero durante el juicio que se desarrolla en Grosseto —cerca de la isla toscana— fue el primer oficial de la cubierta, Giovanni Iaccarino.
Junto al oficial cartógrafo, Simone Canessa, "nos encontrábamos jugando a la PlayStation mientras advertimos que el barco se ladeaba. La sensación era que el buque había chocado o que se había atrancado en un banco de arena", describió Iaccarino, de 30 años.
Del largo relato del oficial, que declaró durante nueve horas ante el Tribunal, se desprende que el naufragio fue provocado por un único "golpe mortal", en el momento en el que el barco encalló.
El oficial también dijo que "la nave estuvo perdida" en sólo diez minutos, un lapso increíblemente breve en el que la suerte del Concordia estuvo echada para siempre.
"Diez minutos después de encallar habíamos perdido todo, los generadores diesel, los motores eléctricos, el tablero de comando eléctrico principal del buque, todo....la nave estaba perdida", afirmó.
Iaccarino es considerado un testigo clave por los fiscales del proceso porque —entre otras razones— fue quien en esos momentos dramáticos fue a inspeccionar los puentes inferiores, ya llenos de agua.
El mismo oficial fue además quien informó sobre lo ocurrido a Schettino.
"Cuando iba diciendo que la situación era grave, la respuesta que me daban era «OK, recibido», pero nadie me daba órdenes sobre lo que debíamos hacer. Había demasiado calma", destacó, precisando que mientras nadie reaccionaba como debía, "en los puentes inferiores del barco el agua seguía aumentando, no funcionaba nada. Y no sabíamos que hacer".
Entonces "comprendí que nos estábamos hundiendo y que era muy peligroso permanecer a bordo", prosiguió Iaccarino en su increíble relato, tras recordar el comportamiento del capitán Schettino, al que vio cuando "se agarraba los pelos con las manos y decía «que lío que armé»".
La semana anterior al naufragio "Schettino había querido pasar muy cerca del Giglio: pero esa vez no había sido posible porque el mar estaba muy movido", relató. Dijo que el hecho de acercarse tanto a la isla "no figuraba en los programas oficiales de la Costa Concordia".