Viendo y escuchando las propuestas de los políticos que se presentan aspirando a ser presidentes de la Nación ha quedado en mi memoria una palabra que no quiero vivirla más y que es "resignación". En los últimos años nos fueron acostumbrando de a poco a resignarnos a que nos roben, a que haya corrupción, a que nos maten, a que no sepamos si un ser querido vuelve sano y salvo a casa. Nos resignamos ver la droga enfrente, atrás o adelante de nuestros ojos. Nos acostumbraron a resignarnos a odiarnos entre argentinos, familiares, vecinos; nos acostumbraron a resignarnos a que no fuéramos libres, a no opinar, no hablar y menos estar en la vereda de enfrente. Ya soy una mujer anciana donde me acostumbré a vivir libre, decir lo que siento y, más aún, no resignarme a nada que no sea vivir mejor. Nuestros abuelos y padres nos enseñaron a ser libres y a no resignarnos porque si no perdemos la libertad y dejamos de ser nosotros. Me quedó esa palabra y quiero que mis nietos no la conozcan y que vivan libres, que puedan opinar sin tener miedo. Argentinos, no nos resignemos a ser muertos vivientes, opinemos poniendo un voto a quien nos puede representar igual o mejor que lo haríamos nosotros, basta de campañas sucias, digamos basta. Queremos volver a tener sueños, vivir sin miedos.




































