No quiero estar adentro de los colectivos que trasladarán a las jugadoras alemanas de Hamburgo y de Dormund, a las inglesas de Manchester y de Liverpool, a las holandesas de Rotterdam y de Utrech, a las neocelandesas de Auckland y de Wellington y a las sudafricanas de Ciudad del Cabo, al nuevo estadio de hockey de Casalanz y Urquiza (Mendoza al fondo). ¿Trataremos de simular o nos mostraremos tal cual somos? Más allá de que a días de empezar está todo inconcluso, me pregunto si los pozos se taparán, las zanjas se maquillarán, los yuyitos verdaderos se cortarán y la mugre se limpiará. Quizás sea más fácil comenzar por no tirar. Perdón. Dejemos que nuestro pueblo sea libre de tirar, de ensuciar, de protestar. Libertad, libertad, por favor... Y espero que si a la hora del partido surge alguna demanda impostergable, no coarten la libertad de manifestar, que el humo de las cubiertas forme una aureola de justicia y el mundo pueda ver a nuestra democracia funcionando en todo su esplendor. El rugir de nuestra leonas no debe ocultar el clamor de las carencias y mucho menos amenazar la libertad de expresión. Que nuestros reclamos sean correspondidos y que la democracia se revele en todo su esplendor. La palabra represión ni pienso nombrarla, asquea. En este mundo, donde importa parecer más que ser, no prohibamos nada, seduzcamos a nuestros visitante, pintemos carteles de colores y desviemos las miradas, mostremos nuestro cielo y escondamos nuestras penurias, Gracias a Dios la mejor de todas está al tanto de todo y es rosarina.































