No alcanzan las palabras para decir: ¡una y mil veces, gracias! Somos los padres de Martín, quien días atrás sufrió un cuadro de meningitis bacteriana, y a pesar de tener todas las vacunas, se contagio de Neisseria Meningitidis tipo B (para el cual en nuestro país no hay vacunas). Hoy está en casa, sano, feliz y disfrutando de la vida. Queremos agradecer a toda la gente del Amce, en especial al doctor Alvarez y al enfermero Quevedo, por la rapidez y sinceridad para actuar idóneamente. A todas y cada una de las personas que forman parte de Sanatorio de la Mujer (Rosario), en especial a médicas y enfermeras que lo recibieron en la guardia y nos calmaron el llanto, nos dieron palabras de aliento y respondieron mil preguntas. También agradecemos al personal de Terapia Intensiva por su dedicación, paciencia, idoneidad y por mimar a nuestro hijo. También les decimos gracias a los padres de León y Maxi, por ser compañeros en el dolor y ser un ejemplo de lucha y entrega. El afecto también es para el equipo del 3er. piso: pediatras, infectólogo, médicos, mucamas y enfermera. Todos hicieron que Martín tenga una excelente recuperación. Si bien no recordamos el nombre de todos, tienen un lugarcito en nuestro corazón. Las gracias también son para Inés, por la corrida, porque la volvimos loca con los llamados y por su desempeño profesional y humano. Para la doctora Erica, por ponerse al hombre esta pesada mochila y ayudarnos de corazón. A la comunidad del Colegio Santa Rosa de Viterbo, a los amigos de nuestros hijos, a los que le prestaron a Martín su Angel de la Guarda, gracias a sus papás por acompañarnos desde el primer momento. A los directivos y personal del colegio por interiorizarse, ocuparse y preocuparse por el bienestar de nuestro hijo, a todos los niños y los señores por el intenso amor que le dan. A la familia de la Escuelita de Fútbol Acefm, por la compañía, la fuerza para poner el pecho y por el cariño. A nuestros compañeros de trabajo, por bancarnos, por la luz y la energía. Y gracias a toda la familia, por el apoyo incondicional, por ser nuestro norte, nuestra descarga a tierra, por tener siempre las palabras justas, por prestarnos el oído, el hombro y el pañuelo, por sufrir nuestro dolor y festejar nuestra alegría. A Pablo por correr a nuestra par y hallar siempre soluciones y la palabra indicada. A Caro y Jorge, por el amor inconmensurable que le dan a nuestros hijos y estar siempre a nuestro lado. A Andrea y Andrés, por cuidar y contener a Juan, haciéndolo sentir como en casa. A nuestros padres Adela, Borma y Pedro, por ser un pilar incondicional y que necesitamos para seguir creciendo y aprendiendo. Y muy en especial a nuestros hijos Juan y Martín, por la dulzura, por comprender, por pelear. Sabemos que la fe mueve montañas y los milagros existen gracias a la unión y el amor de tanta gente, porque Dios, Jesús y la Virgen iluminaron a los médicos, a los que les debemos todo por salvar a nuestro hijo y devolvernos la alegría.





































