El pasado domingo 10 de noviembre, esperaba a mi familia para el típico almuerzo dominical. Alrededor de la una de la tarde, en calle Juan Canals entre San Martín y Laprida (zona Sur ), mi yerno y mi nietita de 4 años aguardaban en el auto a mi hija y a mi madre. De repente un ladrón se acercó al auto y amenazando con su arma robó las pertenencias de mi yerno y se dio a la fuga. Demás está decir el amor entrañable que se siente por un nieto, y el saberlo tan cerca del arma de un delincuente es espeluznante. Supimos luego que el mismo sujeto también robó, minutos después, un kiosco de Laprida al 4900, que alrededor de las cinco de la tarde y en el lapso de media hora robaron tres motos en la zona lindera al Distrito Sur. Y claro, después vienen los comentarios: “Gracias a Dios que no les hicieron daño” o “deben haber liberado la zona”.Y entonces me pregunto, mientras esperamos los cambios de fondo (acortamiento de brechas sociales, igualdad de oportunidades, nuevas fuentes de trabajo, políticas inclusivas, entre otras frases lindas), en el mientras tanto, ¿qué hacemos? ¿Quién o quiénes deciden impunemente liberar una zona? ¿Quién o quiénes acatan irresponsablemente semejante decisión? ¿Quién o quiénes carecen del coraje suficiente para “barajar y dar de nuevo” donde fuera menester, llámese cúpula policial, Poder Judicial, Ejecutivos (nacional, provincial o municipal)? En mi condición de incansable laburante de la clase media de mi país exijo respuestas y soluciones. Porque me lo merezco, porque lo merecemos casi todos!


































