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"Me pegó un culatazo, una patada y después empezó a disparar"

"Yo sólo quería preguntarle por qué le molestaba que yo estuviera en la vereda de mi casa", se lamentaba Cintia Cuevas antes de que el llanto interrumpiera una vez más su relato. Así, la joven...

Viernes 07 de Junio de 2013

"Yo sólo quería preguntarle por qué le molestaba que yo estuviera en la vereda de mi casa", se lamentaba Cintia Cuevas antes de que el llanto interrumpiera una vez más su relato. Así, la joven de 26 años ratificó las acusaciones contra un vecino suyo detenido como presunto homicida de su hijo Santiago, de 4 años, asesinado el jueves pasado en el marco de un violento entredicho en un humilde sector del barrio Industrial, en el norte de la ciudad. La mujer negó que la bala mortal haya rebotado en el piso, afirmó que "no hubo un enfrentamiento entre vecinos" como indicaban las versiones policiales del trágico episodio y denunció haber recibido amenazas por parte de allegados al imputado.

Santiago murió el jueves 31 de mayo, cerca de las 19, tras recibir un balazo en el pecho. Estaba en la puerta de su casa de pasaje Franco 2092 cuando hubo un violento entredicho entre su mamá y el almacenero Carlos P. que culminó cuando el comerciante le pegó a la mujer y luego disparó al menos nueve tiros.

Mientras los familiares del niño lo llevaban hasta el Hospital de Niños Zona Norte, adonde llegó sin vida, vecinos enardecidos intentaron destrozar el local ubicado frente a la casa de Cintia y linchar al almacenero, que fue rescatado por los policías que lo detuvieron. Luego incendiaron un auto del comerciante y, según comentaban ayer allegados al acusado, le habrían quemado la casa que tenía custodia policial.

Cintia habló con La Capital flanqueada por una veintena de vecinos sobre un trágico hecho que, según dijeron, no fue accidental. Así, dispararon acusaciones contra Carlos P., al que acusan de regentear "un quiosco de venta de drogas con protección de la policía" y mantener amenazados a punta de pistola a los habitantes de la cuadra. También desmintieron las versiones que indicaban que el padrastro del niño estaba armado o que la discusión se originó por una deuda que mantenía la mujer con el comerciante.

Tarde fatal. El pasaje Franco al 2000 se llama Vicente López y muere en las vías del ferrocarril. Pero no parece casual que la mayoría de sus habitantes ignore esta variante del nombre, decidida alguna vez en un escritorio muy lejano —en todo sentido— de este humilde sector del barrio Industrial al que algunos no vacilan en llamar "la villa". Un lugar donde los códigos y las leyes difícilmente se ajusten a derecho.

En su modesta casita de dos ambientes en construcción, donde vive con su pareja y dos hijas (una beba de un año y una nena de 10) Cintia recordó el peor día de su vida. "Fue el jueves, casi a las siete de la tarde. Yo estaba en la vereda hablando con mi mamá y mi tía cuando él (el comerciante Carlos P.) salió con el revólver a gritarles. Cuando insultó a mi mamá yo le dije «mami, ya está, vamos». Entonces él me dijo que yo no tenía que estar en la vereda. Y cuando me acerqué a preguntarle por qué, me pegó un culatazo en la cara y una patada en el estómago. Cuando retrocedí empezó a disparar y así mató a mi hijo, que se había asomado a la puerta".

Cuando el llanto impedía que Cintia hablara, no faltaba un vecino —mujeres, en su mayoría— que completara el relato, entrando y saliendo de la casa e indicando restos de sangre y marcas de balas para reforzar los dichos. "Acá estaba el nene", dijo una vecina señalando la puerta. "Acá cayó, mire la mancha", agregó otra. "Tenía el control remoto en el bolsillo, estaba mirando los dibujitos", recordó una tía.

Acusado. En este relato colectivo el almacenero es apuntado como un hombre que "hace lo que quiere", a quien le atribuyen la propiedad de dos o tres casas de dos pisos, toda una excepción en la cuadra. "Se cree el dueño de todo. Le molesta que no le compremos ni un caramelo y que nuestros hijos no quieran trabajar como soldaditos para él", dijo una mujer respecto de lo que parece ser una enemistad vecinal de años.

"Dijeron que hubo un enfrentamiento, pero no es cierto", agregó una mujer mientras señalaba a otros vecinos que "ya tuvieron problemas" con Carlos P. Así, una señora admitió que el almacenero le quiso "quemar la casa 6 o 7 años atrás", cuando ella pretendía poner un negocio de comida.

"A mi papá le pegó un tiro en una rodilla hace tres años. Pero él dijo que mis hermanos lo habían asaltado y al final los metieron presos a ellos", afirmó una joven, mientras un niño de unos 10 años se acercaba al cronista para mostrarle un vidrio atravesado por una bala.

"Pedimos justicia y que lo dejen adentro", repetían sobre el vecino al que le achacan gozar de impunidad y protección policial.

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