Me dirijo al señor director de Ilar con el fin de comentarle una situación, para que por favor evalúe si corresponde mi malestar o simplemente es una cuestión personal. El 28 de noviembre pasado, a Sergio Godoy, internado en el Instituto, le surgió una necesidad fisiológica, pero no fue atendido, a pesar de haber golpeado la puerta de la oficina de enfermería insistentemente. Mi tía (Elba Mercedes Carranza), con sus 73 años, llegó en ese momento para visitarlo y al notar la situación ella siguió golpeando la puerta sin ninguna respuesta. A pesar de que era visible que adentro se encontraban varios enfermeros en su recreo. Mi tía en su impotencia les preguntó si su función era merendar o ayudar a la gente incapacitada físicamente. Entonces una “señorita”, que se hace llamar enfermera, le responde que ojalá nunca esté internada en ese lugar y que no sea ella misma quien le “limpie el culo”, porque “no sabe lo que le espera”. No sé si será posible tomar medidas, más que intentar hacer pública esta situación; una situación en la que las personas que juraron cuidar al enfermo son las mismas que los discriminan y agreden verbalmente. Pregunto: ¿por qué tienen gente con tan pocos criterios y valores humanos cuando la profesión dicta todo lo contrario, trabajando en ese instituto?
































