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Madre e hijo como un espejo de la realidad

Pepe Soriano y Luis Brandoni derrocharon talento y simpatía en "Conversaciones con mamá", que se presentó en el Astengo.

Lunes 22 de Abril de 2013

Margarita tiene 82 años, es viuda, y todos los días de su vida espera que Jaime, su único hijo, llegue a su casa para comer un plato de puchero. Pero no, cuando Jaime le toca el timbre es para pedirle que se tiene que ir del departamento. Y allí se dispara la historia tan conflictiva como entretenida de "Conversaciones con mamá", la obra de Santiago Carlos Oves que sumó tres funciones el fin de semana en el Auditorio Fundación Astengo.

Si algo tiene de especial esta obra es que genera una empatía inmediata con el público. Es muy fácil encontrar espejos en ese hijo que llama por teléfono a la madre tres veces por semana y no la ve casi nunca, y en una madre incondicional, demandante y enternecedora.

Soriano se lleva gran parte de los aplausos a partir de una composición sin fisuras, en lo corporal, en lo gestual y en lo expresivo. Su Margarita es tan real que el espectador se olvida de inmediato que detrás de esa máscara está Pepe Soriano.

Luis Brandoni es el responsable de buscar complicidades con el público. Su Jaime, un tipo de clase media alta que perdió el estatus porque lo echaron del trabajo, es un sesentón al que se le viene abajo su pareja con Laura y el vínculo con sus hijos Pablo y Julieta. Y en esa espiral de la vida, echa mano a su mamá y también a sus recuerdos de infancia, mientras en su crisis personal también se refleja un pantallazo de la crisis social argentina.

Margarita tira frases efectivas, algunas de manual, otras ingeniosas, y las más politizadas, robadas de Gregorio, su novio. Y esa será otra de las sorpresas que tendrá que afrontar Jaime. La primera es que la madre no tiene pensado mudarse del departamento y la segunda es que Gregorio ya vive con ella en ese lugar.

La mano de Fernando Castets en la adaptación teatral es clave. El guionista y socio de Juan José Campanella en unitarios como "Culpables" (Pol-ka) y filmes como "El hijo de la novia" y "Luna de Avellaneda", le supo imprimir a esta puesta mayor sustancia y un mejor sentido del humor al vínculo madre-hijo. Incluso superior al filme que protagonizaron China Zorrilla y Eduardo Blanco. A eso se le suma la dinámica ágil que le sumó Santiago Doria en la dirección. Luego de una segunda parte sorpresiva en el imaginario diálogo entre Margarita y Jaime y con un final algo melodramático, "Conversaciones con mamá" pasó por la ciudad en una clase magistral de teatro con dos actores de raza capaces de jugar con la lágrima y la carcajada sin daños a terceros.

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