Si el gobierno de Uruguay mañana dice que no le puede aumentar a sus jubilados, yo le creería. Además de lo que se sabe del señor Mujica, deseo contar lo relatado por la señora Teté Coustarot en su programa de radio: el domingo almorzaba ella, su marido y otra pareja en una parrilla en Montevideo. Llega Pepe con su señora, vestidos en forma normal, ella con jogging y se sientan a almorzar, sin acompañantes o custodia alguna. Comieron ñoquis, vino de la casa y de postre ensalada de fruta. Al decir de la dueña del lugar, el matrimonio iba seguido a este lugar cuando Mujica era diputado, pero fue la primera vez como presidente. Nadie los molestó (salvo Teté que no lo podía creer,) y comieron tranquilos. Antes de retirarse le trajeron la cuenta. Pepe sacó de una billetera gastadita los billetes uno por uno. Dice la propietaria del lugar que conociéndolo como lo conocen no se les ocurrió no cobrarle porque esto lo haría enojar y no volvería. Antes de retirarse salieron los cocineros a aplaudirlo y se sacó fotos con todos. Qué fácil es creerle a alguien que dice como piensa y vive como dice.



































