Una camioneta del lado mexicano de la frontera con Estados Unidos se detiene frente a un muro de un metro y medio que separa los dos países. De la parte trasera y de la delantera surgen rampas que forman un puente sobre la barrera. Aparece entonces una segunda camioneta, llena de marihuana, que cruza la frontera usando ese puente improvisado.
Con recursos tales como rampas móviles, aviones ultralivianos, puertas falsas y las viejas y confiables cintas adhesivas, los contrabandistas demuestran una creatividad sin límites para burlar los controles fronterizos. Y el gobierno estadounidense admite que no está en condiciones de interrumpir totalmente el flujo de drogas.
“Debemos mantener un control lo suficientemente bueno como para que la sociedad pueda seguir funcionando”, expresó Elizabeth Kempshall, agente a cargo de la oficina de Arizona de la agencia de lucha contra el narcotráfico DEA. “¿Vamos a acabar con el 100% del contrabando de drogas? Probablemente no. Pero podemos hacer que a los traficantes les resulte muy difícil y costoso traer sus drogas al país”.
El gobierno ha invertido 2.400 millones de dólares desde el año fiscal del 2005 en la construcción de unos mil kilómetros de muros fronterizos, ha agregado 12.000 agentes a la Patrulla de Fronteras y aumentó a 8.100 millones de dólares el presupuesto del servicio de Protección de Aduanas y Fronteras en el 2008.
En el último año, las intercepciones de cargamentos de marihuana, heroína y metanfetaminas aumentó marcadamente, y también hubo un leve incremento en las de cocaína. De lejos, los cargamentos más grandes interceptados son de marihuana. Este año se llevan confiscados más de un millón de kilos, un 50% más que el año pasado.
Sin embargo, ingresan al país suficientes drogas como para abastecer la demanda de los 20 millones de usuarios que hay en este país, según estimados del gobierno.
“Lo más inquietante es que cuando uno finalmente pesca algo, se pregunta cuántos de estos cargamentos habrán logrado ingresar”, expresó T.J. Bonner, presidente del Consejo Nacional de la Patrulla de Fronteras, un sindicato que representa a 17.000 agentes.































