No dejo de evocar la tan mentada escena que describe la Biblia:Jesús echando a los mercaderes del templo, gentes inescrupulosas que pretendían hacer sus negociados en la Casa del Señor.Trasladando esta escena a nuestros días, basta con las noticias sobre las reformas que está implementando el Papa Francisco para terminar con los casos de corrupción dentro de la Iglesia y darle un marco de austeridad que nunca debió haber perdido. Toda esta introducción me pareció acorde para tratar de contextualizar un hecho que me parece harto mezquino, casi vil me atrevería a decir. Mi hogar se compone así: mi esposo, una nena de 4 años, mi hija mayor de 23, su bebé y yo. Mi hija es mamá soltera, no trabaja ya que está al cuidado del bebé porque mi esposo y yo trabajamos. Ella, como muchas mujeres, eligió bautizar a mi nieto en la parroquia Natividad del Señor. Más allá de sus motivos, que no son importantes para esta carta, nos encontramos ante un hecho que me hizo evocar la cita bíblica arriba mencionada −aclaro que excluyo y salvo de toda mala intención o interés económico al querido Padre Ignacio, quien goza de mi mayor estima y respeto−; el caso es que en dicha parroquia se ofrecen los servicios de un fotógrafo cuyo único pack consta de 22 fotos a razón de algo más de 300 pesos. Dada la situación económica de mi hija, quien, repito, no tiene trabajo y es mamá soltera, pedimos una segunda opción ya que indudablemente queremos una foto de recuerdo de tan importante día para nuestro nieto, llamamos al teléfono del fotógrafo y su respuesta fue que él sólo trabajaba con ese monto. Creo que las personas que son las encargadas de organizar las actividades de la parroquia no deben desconocer la situación, lo más razonable sería ofrecer un servicio menos costoso para los que menos tenemos. ¿Dónde quedaron los preceptos de la humildad, generosidad y otros valores que quiere recuperar la Iglesia Católica? Me parece indignante la postura de esta persona, su falta de compasión y comprensión de la realidad económica que para algunos nos es adversa. En fin, guardaremos el momento del bautismo en nuestros corazones, ya que nos resulta imposible abonar esa suma que pretende cobrar alguien que seguramente trabaja de manera impecable, pero no comprendió todavía los fundamentos de la doctrina cristiana.




































