En referencia al proyecto de ley de matrimonio para parejas del mismo sexo que se discute en el Senado, La Congregación Luterana Reformada de Rosario, perteneciente a la Iglesia Evangélica del Río de la Plata comunica a la población que no organiza ni adhiere a ninguna de las campañas, marchas y/o actos que se están realizando en Rosario con el fin de repudiar el proyecto de ley de matrimonio entre parejas del mismo sexo. Nuestra congregación de Rosario, presente en la ciudad desde hace más de cien años, basa su vivir y su fe en tres pilares que rigen nuestro accionar: el Evangelio, la Declaración Universal de Derechos Humanos y las constituciones nacionales de los países en donde tenemos presencia. Motivos por los cuales jamás podríamos ser parte de manifestaciones que busquen socavar los derechos a familias que hasta ahora sólo han gozado del prejuicio y la discriminación. Como iglesia heredera de la Reforma Protestante del siglo XVI reconocemos la autonomía del Estado en materia de legislación y de gobierno. Dicha autonomía cobra sentido cuando se promueve la justicia, se asegura la igualdad de los habitantes ante la ley y se reprime todo acto discriminatorio. En este sentido consideramos que la ley de matrimonio entre parejas del mismo sexo favorecerá a miles de personas y a sus hijos a obtener un derecho civil, que no afecta en nada a nuestras confesiones religiosas, las cuales podrán seguir afirmando lo mismo que siempre han afirmado, sin sentirse obligadas a convertir esta ley en doctrina de la iglesia. Por lo expresado anteriormente, valoramos con sinceridad la promulgación de la ley que se discute y llamamos a toda la ciudadanía a distanciarse de posiciones hegemónicas que quieran imponer tutelajes a la sociedad basados en la discriminación. Rogamos a Dios que todas las discusiones sobre dicha ley puedan ser llevadas a cabo de forma democrática y respetuosa, sin caer en la tentación de menospreciar a quien piensa de manera diferente. En este sentido, recordamos a la comunidad cristiana la ley del triple amor que se nos enseña en el Evangelio: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, ley que sintetiza todas las demás leyes y ordenanzas de nuestras Sagradas Escrituras, que entendemos, se traducen en respeto y comprensión de quienes piensan de manera diferente, aun manteniendo nuestras posturas; pero que jamás pueden traducirse en humillación, desprecio o violencia de cualquier tipo.



































