La Unesco indica en su Programa Mundial para la Educación en Derechos que “la educación relativa a los derechos humanos es parte integral del derecho a la educación y cada vez obtiene mayor reconocimiento en tanto que derecho humano en sí misma. El conocimiento de los derechos y las libertades está considerado como un instrumento fundamental para asegurar el respeto de los derechos de todas las personas. La educación debería abarcar valores tales como la paz, la no discriminación, la igualdad, la justicia, la no violencia, la tolerancia y el respeto de la dignidad humana. Una educación de calidad basada en un enfoque de derechos humanos significa que éstos se aplican a lo largo y ancho del sistema educativo y en todos los contextos de aprendizaje.
La claridad de estos conceptos podría eximirnos de fundamentar nuestra tarea educativa, no obstante consideramos que las instituciones públicas deben ser muy cuidadosas a la hora de elaborar programas de aplicación como servicios a la comunidad. Es indispensable cuestionarse, preguntarse. Nosotros desde el Museo de la Memoria de Rosario nos preguntamos: ¿es el museo un agente efectivo de cambio social, qué nuevos retos enfrenta la educación en los museos?
Con el surgimiento de algunas respuestas aparecen también los desafíos. Si bien el museo es una institución importante en las convergencias culturales actuales no las lidera pero sigue siendo la sede de operaciones de legitimación y valoración de experiencias artísticas, políticas, históricas y culturales. De esta evaluación surge que sí es posible llevar adelante programas que apunten al cambio social desde un museo. La transmisión de la cultura democrática y la construcción de la convivencia son compromisos ineludibles y permanentes del Estado hacia la sociedad, y la memoria es una herramienta poderosamente pedagógica en este proceso.

































