La crónica policial relata que una distinguida familia de la vecina ciudad de Cañada de Gómez, establecida en la estancia que perteneciera al capitán Miguel Gómez, fue asaltada por bandoleros mal entretenidos que montados a caballo detuvieron su carruaje en el Camino Real que une esa localidad con este Pago de los Arroyos. A punta de mosquete naranjero y con gran violencia golpearon a la dama y le dispararon al caballero para saquear luego su equipaje. Obtenido el botín, huyeron al galope perdiéndose en la oscuridad de la pampa desierta circundante. Un baqueano rastreador de la Policía de Fronteras perdió el rastro de los bandoleros en un pantano cercano. Este caso que es repetición de otros recientes, mereció la atención de las autoridades que reaccionaron rápidamente emitiendo un Bando colgado en la Plaza de Armas, advirtiendo a la población de los peligros de viajar de noche y de necesitar hacerlo, debían formar caravanas escoltadas por la Milicia. Esto sucedió el 19 de enero del 2016 en el siglo XXI y no en el XIX como pareciera, es trágico aunque parezca cómico. Hemos escuchado discursos, declaraciones, promesas y hasta ideas hilarantes como los corredores seguros, pero la delincuencia llegó al estado actual que ya no estamos dispuestos a soportar. Nadie hace nada en serio para defendernos. Los inútiles crónicos que nunca dicen qué se debe hacer hoy y ahora, se fugan hacia el futuro con dudosas recetas de inclusión, educación, entre otras cosas. Nunca se llegará a esas metas idealistas si no resolvemos el hoy y ahora. No hay ejemplos de que la deshonestidad creó la honestidad, de que la anomia genera resultados, que el desorden produce el orden. Al principio pudieron refugiarse en la pobreza, más recientemente en las migraciones internas y externas, ahora en el tráfico de drogas, mañana serán los marcianos, pero nunca hacen algo concreto. Es inaceptable. No estoy hablando del crimen organizado que es otra cuestión, hablo de los ladrones, algunos asesinos, que nos están sometiendo a ser prisioneros de la aparente seguridad de nuestros hogares. No hay presencia policial en las calles y rutas, se puede circular horas por la ciudad sin hallar un policía y si aparece la mayoría de las veces con coches sin capacidad de persecución como las frágiles motos de la Policía Motorizada. La seguridad es responsabilidad indelegable del municipio y de la provincia y no está siendo asumida. Cuando se prohíbe la tenencia de armas en nuestros domicilios en su delirio pensarán que los delincuentes entregarán las suyas, cuando el resultado es que los ciudadanos nos convertimos en corderos inermes a merced de los lobos armados y sus cómplices ideológicos. Los responsables de cuidarnos deberían leer las señales que da la sociedad de su hastío a la inseguridad, los intentos de linchamientos callejeros, las defensas con armas y otras acciones violentas realizadas por ciudadanos pacíficos contra delincuentes in fraganti, son síntomas inocultables de la reacción social. Ahora tenemos rejas, alarmas comunitarias, vigilancia privada y abuelitos con chumbos, mañana aparecerán los grupos armados autoconvocados para patrullar las calles, pasado mañana quizás la “ley de Linch” y la “ley del rifle”. La sociedad espera la respuesta del estado en quien delegamos el monopolio del uso de la fuerza, lo lamentable seria que se termine la paciencia del rebaño y los corderos se tengan que defender de los lobos por sus propios medios.
Gerardo Orallo
DNI 6.008.474
La impunidad de los delincuentes
Muy interesante es la carta de Alejandro Posner del jueves pasado, donde habla sobre la impunidad de los delincuentes en nuestra sociedad de hoy, que “corroe las bases de la estructura social” y exige a la Justicia a actuar como tal, para terminar con la inseguridad que nos apremia. Yo agrego algo más. Los delincuentes no sólo delinquen porque no les va a pasar nada, sino que también lo hacen porque no tienen nada que perder. Si algo sale mal, es lo mismo. La vida no vale nada, ni la de ellos ni la nuestra. Un balazo o una comisaría no significan nada y hasta es un trofeo de guerra. Qué importa si muero mañana, si no tengo proyectos, si no hay horizontes. No hay nada por qué vivir ni por quién vivir, no hay modelos para seguir ni objetivos para cumplir. ¿La droga mata? Que me mate, cuanto más la soporto más macho soy. ¿Familia? ¿Qué familia? El futuro es el viernes, a lo sumo el domingo. Hace tan sólo 30 años, la cultura era “ojalá no me toque la colimba, porque pierdo un año”. Hoy no hay nada que perder, ni nadie a quien perder. Se ve difícil impartir justicia cuando se naturalizó hasta el robo de un celular o una gresca en la calle. En verdad, da risa pensar en un juez aplicando una pena de prisión por eso. Necesitamos reconstruir nuestra civilización, debemos volver a descubrir el verdadero sentido de la vida, volver a planificar una familia, a reciclar los valores que hacen grande a los hombres y mujeres, que levantando las banderas de la cultura del esfuerzo, vean posible forjar nuevas comunidades. Defendiendo y cuidando a la vida por nacer y a aquellos mayores que nos están dejando. Aprendiendo a ponerse en el lugar del otro, para entenderlo y lograr así la ansiada convivencia. Viviendo con una actitud humilde, para valorar nuestras fortalezas y mejorar nuestras debilidades, con un compromiso por la vida que demuestre madurez y responsabilidad. Cultivando la paciencia y el optimismo, que nos aleja del querer todo ya, aquí y ahora, para que nos lleve a una actitud frente a la vida que nos permita transformar esta realidad en un nuevo horizonte, capaz de inundar nuestro mañana con un soplo de vida auténtica. Padres, escuelas, instituciones intermedias, articulaciones del Estado, todos debemos tomar parte en esta tarea, que sólo es utópica si nadie hace nada. Rosario, te quiero provida.
Gabriel Campero
Desinformate llamando al 147
El número de teléfono 147 sirve (?) para saber, entre otras cosas, las frecuencias de los colectivos del transporte urbano. Si sumamos los números que componen esa cifra, es decir 1 + 4 + 7, nos da como resultado 12. A la vez, si hacemos la suma de estos dos últimos números (1 + 2) el resultado es 3. Y esa es la calificación que yo le pondría a ese servicio, si la escala es de 0 a 10, donde el diez es la mejor calificación. Va un ejemplo: viernes 22 de enero, esquina de Santa Fe y Entre Ríos, a las 22.07 llamo desde mi celular al 147. “¿A qué hora llega a esta esquina el 133 Verde?”, pregunto al operador. “Estará ahí dentro de 23 minutos”, me contestó. Es decir, que a las 22.30 debía “estar ahí”. Pasados cinco minutos de esa hora, llamé nuevamente a ese servicio de “des-información”, y me dicen que el 133 Verde va a estar en Santa Fe y Entre Ríos a las 22.50. Llegó casi a las once de la noche. Ese viernes a la noche, con casi 38 grados de calor, estuve parado en esa esquina casi una hora esperando el colectivo. Evidentemente hay una gran falla, que en principio la atribuyo al servicio 147. ¿La Semtur, a la que pertenece la línea 133 Verde, no le informa correctamente la llegada de sus colectivos a las distintas paradas?. Puede ser, pero no es un problema que deba resolver yo. Es responsabilidad de la Municipalidad, a la cual de paso le pregunto si para subir a un ómnibus que tenga aire acondicionado debo participar en algún concurso.
DNI 6.070.319
De incertidumbre a esperanza
El 2015 fue un año intenso. Es probable (así lo deseamos, así lo necesitamos) que haya marcado un punto de inflexión en la historia argentina. Desde el comienzo del año existía una voluntad de cambio en el país y eran muchos los signos que indicaban la llegada de un fin de ciclo. Pero gran parte de la sociedad, al tiempo que reclamaba ese cambio, era escéptica respecto de su concreción. Es que 12 años de kirchnerismo habían generado cierta sensación de invulnerabilidad. Uno de los primeros acontecimientos políticos de 2015 fue la Convención de Gualeguaychú de la UCR, que permitió la conformación de Cambiemos. Ahora lo vemos en retrospectiva como algo natural y necesario, pero nada indicaba antes que ese acuerdo pudiera aprobarse. Había aún muchos dirigentes radicales que exhibían cierta desconfianza hacia Macri y el PRO. Fue la tarea titánica de Ernesto Sanz la que logró volcar a la mayoría de la Convención hacia ese acuerdo. Los argentinos asistimos a un ejercicio infrecuente: el de la deliberación pública de un partido político y la adopción por rigurosa decisión democrática de un rumbo estratégico. Ese entendimiento fue importante. El radicalismo no tenía un candidato presidencial con la importante intención de voto y trayectoria de Macri, y el PRO ganó inserción territorial por la centenaria presencia de la UCR en cada pueblo. También resultó esencial la conjunción junto a esas fuerzas, de la Coalición Cívica de Elisa Carrió, con un potencial electoral menguado pero con una relevante carga simbólica por su constante defensa de los valores constitucionales y su implacable denuncia de la corrupción. Las elecciones provinciales fueron marcando el tono del cambio. En la ciudad de Buenos Aires, siempre sorprendente y reacia a encasillamientos rígidos, la disputa tuvo una intensidad mayor a la esperada. Los porteños no dudaron en convalidar ocho años de cambios positivos y le dieron la Jefatura de Gobierno al principal colaborador de Macri en todo ese tiempo, Horacio Rodríguez Larreta. Los importantes triunfos de Alfredo Cornejo en Mendoza y de Gerardo Morales en Jujuy dieron una muestra cabal de la matriz federal de Cambiemos. El kirchnerismo, además fue derrotado a manos del peronismo disidente en San Luis, La Pampa y Chubut, de UNA en Córdoba, provincia cuyo comportamiento electoral en las presidenciales fue clave en el triunfo de Macri y de Progresistas en Santa Fe. Pero, la nota más destacada de los distintos turnos electorales locales, la constituyó el triunfo de María Eugenia Vidal, una mujer joven, fresca, honesta, que ya había demostrado excepcional capacidad de gestión en la ciudad de Buenos Aires y que, representando la contracara de Aníbal “La Morsa” Fernández, puso fin a 28 años de hegemonía peronista, signados los últimos ocho por un contundente fracaso que dejó una provincia devastada y con las arcas vacías.
Jorge R. Enríquez
Legislador patotero
La desfachatez de los derrotados que perdieron las elecciones a fines de 2015 no disminuye. Su bronca, por no tener la caja y el poder no les da la tregua necesaria para retirarse y dejar de molestar a la ciudadanía que ha sufrido un desgobierno atroz, en silencio, durante más de 12 años. Me refiero a Carlos Kunkel, un inmoral patotero que incita a su militancia a escrachar al presidente de la Nación, Mauriocio Macri. Este individuo es diputado y lleva años en el Congreso ganando onerosos sueldos sin trabajar. Sería conveniente que informara qué proyectos presentó y si son útiles para la sociedad. Sería bueno que se llame a silencio porque, más avanza Cambiemos más grande es la vergüenza K.
Alejandra Pérez Ortega
DNI 10.115.142