"A mi hermano lo mando a matar el Pimpi Camino. Y el que le disparó fue el hijo,
que tiene 15 años". La afirmación sin titubeos le corresponde a Evelyn, la hermana de Gabriel
Maximiliano Sánchez, un muchacho de 24 años que la noche del viernes fue ejecutado de tres balazos
calibre 9 milímetros frente a un quiosco de Alice 5090, en el Fonavi del barrio Municipal, lugar
conocido por ser el que habita la que fuera la cúpula de la barra brava de Newell’s Old Boys
comandada por los hermanos Camino. "A mi ya no me importa nada más. Me mataron a mi hermano que era
lo único que tenía y ahora voy a hablar porque esto no lo va a parar nadie", dijo masticando dolor
la chica de 21 años. Y a la hora de buscar explicaciones, Evelyn sostuvo: "Esto pasó porque Pimpi
no lo podía tener como un soldadito". Lo dijo mientras planchaba la camisa con la que sepultaron a
su hermano ayer por la tarde.
Otra vez el silbido de las balas en el barrio Municipal de Lamadrid 98 bis, en
el sureste de la ciudad; otra vez los vecinos diciendo que pensaron que eran cuetes; otra vez un
pibe ejecutado a balazos mientras estaba frente a un quiosco; otra vez la gente que escucha pero
que no ve nada; otra vez el apellido Camino mencionado por la voz de una víctima y el nombre de uno
de los hijos del ex barra brava de Newell"s apuntado como ejecutor de un crimen. Demasiados lugares
comunes para una crónica policial. Demasiada violencia normalizada.
Gabriel Maximiliano Sánchez tenía 24 años y un hijo de un año y medio llamado
Thiago. En su haber tenía un antecedente penal por tentativa de robo, hecho que su hermana no
ocultó al hablar con LaCapital. Un pasado que lo ligó a la hinchada leprosa en los tiempos de
Roberto Pimpi Camino y un incidente bisagra que lo hizo salir de esa barra. "A mi hermano casi lo
matan cuando fue el enfrentamiento con los de River", contó Evelyn. Se refería al choque entre
hinchas ocurrido el 20 de abril de 2003 en la autopista a Buenos Aires, día en el que dos fanas
leprosos fueron asesinados y 13 resultaron heridos, entre ellos Gabriel. Su nombre quedó grabado en
la edición de Ovación del lunes 21 de abril: "Gabriel Sánchez, baleado en la espalda y el oído"
(Ver aparte). "Y todo por defender a un tipo que no vale nada", dijo Evelyn con amargura.
Zona de muerte. El viernes por la noche Gabriel estaba sentado en un improvisado
banco de ladrillos y cemento frente al quiosco ubicado en Alice 5090, el mismo sitio donde la
madrugada del 8 de septiembre de 2007 Marcelo Vampirín Coria, de 20 años y vecino de Pimpi Camino,
fue asesinado de varios balazos. El lugar está separado unos 15 metros de un santuario del Gauchito
Gil, parada obligada de la barra de Camino en cada expedición al Coloso del Parque. Y a unos 50
metros de la escena de otro crimen, el de Alexander Javier Acosta, un pibe de 15 años conocido como
Triple 6 y cercano a los Camino, muerto de un balazo el sábado 25 de julio pasado.
Según confirmó Evelyn, pasadas las 20.30 del viernes Gaby estaba sentado frente
al quiosco con otros dos muchachos, uno de ellos apodado Yiyo. “A mi hermano le hicieron una
cama. Ya se lo había dicho el Pimpi cuando estuvo internado acá (haciendo un ademán con la mano y
señalando en dirección al Sanatorio Saladillo, donde el barra estuvo alojado durante el invierno).
Le dijo «vos sos un traidor y yo te voy a hacer cagar. Así que ya te lo digo. Enfierrate, porque
cuando salga te voy a hacer cagar»”, rememoró Evelyn. “El Porteño (otro pibe mencionado
en crónicas policiales) ya le había avisado a mi hermano que lo iban a matar”, recordó la
muchacha, mientras repasaba una y otra vez el cuello de la camisa que serviría de mortaja.
Sánchez estaba sentado mirando hacia Alice y la Escuela Técnica 393, ubicada
cruzando la calle. Un muchacho “encapuchado” —eufemismo para describir que
llevaba su rostro tapado con un buzo y gorrita— se le acercó y sin mediar palabras le disparó
tres veces. “Yo estaba mirando el partido de Central y escuché un par de detonaciones, pero
como acá siempre andan tirando petardos...”, recordó el quiosquero de Alice 5090.
Al menos uno de esos disparos, lanzados a una distancia inferior a los dos
metros, impactó en el pómulo izquierdo de Sánchez quien cayó hacia adelante. Entonces se produjo un
desbande. Gaby Sánchez murió en brazos de un primo que llegó a asistirlo. “El que disparó fue
A., que tiene 15 años y es hijo de Pimpi”, apuntó Evelyn.
Ciegos, sordos y mudos. Para llegar a la familia de Sánchez hubo que sortear un campo
minado por el sepulcral silencio de los vecinos y los datos erróneos dados por otros habitantes del
barrio. Una docena de personas que viven sobre Alice al 5000 y sus inmediaciones dijeron desconocer
quien era Gaby. “Antes vivía acá, pero se fue del barrio”, dijo uno. “La verdad
es que lo conozco de vista, pero no es de por aquí”, agregó una mujer. “¿Qué te contó
el viejo ese?”, preguntó otro en tono amenazante hacia el quisoquero. Así, hasta llegar a la
casa de la mamá de la víctima, ubicada a menos de 100 metros de la escena del crimen, en Lamadrid
98 bis.
“Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece”, reza una inscripción en el ingreso a la
torre donde vive la mamá del chico asesinado. Allí, Evelyn acondicionaba la ropa que su hermano se
llevó puesta a la tumba. “Siempre vivimos en el barrio. A mi hermano lo trataron de traidor
porque cobró un seguro y se compró un departamentito en la torre 8, donde vive René (ver aparte).
Como mi hermano se saludaba con todos, ellos (por Pimpi y su gente) decían que los había
traicionado. Nada que ver”, relató la joven.