Una fuerte discusión durante una fiesta familiar fue el motivo para que un
muchacho de 19 años recibiera un balazo por la espalda desde muy corta distancia. Fue el domingo a
la madrugada en una casa de Rosa Silvestre al 1700, en el corazón de barrio Las Flores. Matías
Aguilar cruzó palabras en alto tono con un par de muchachos que se habían colado en el cumpleaños
de su primo, que se festejaba en el lugar. Mientras el pibe se empujaba con uno de los jóvenes sin
invitación, el otro aprovechó y le disparó por la espalda provocándole una herida que le
comprometió seriamente la posibilidad de volver a caminar. El proyectil le lesionó una de las
vértebras y los médicos no se lo pudieron extraer. "Las posibilidades de que vuelva a caminar son
muy pocas, pero hay que tener fe", relató ayer Zulma, su mamá, en la sala de espera del Hospital de
Emergencias Clemente Alvarez.
Para la familia de Enrique Aguilar la del sábado era una noche especial. En su
casa de Rosa Silvestre al 1700, como una prolongación por los festejos de la llegada del año nuevo,
se celebraba el cumpleaños número 17 de Xavier, uno de sus sobrinos. La fiesta era en el garaje de
la vivienda que la familia ocupa desde hace más de dos décadas. Hubo empanadas y pizza casera para
familiares y amigos, todo regado por gaseosas y cervezas. Y después, cuando ya era domingo, empezó
el baile.
"Estaba todo tranquilo", recordó Enrique. "Pero a la madrugada se quisieron
meter un pibes del barrio que no estaban invitados. Yo les pedí por favor que se fueran porque era
una fiesta familiar y la mayoría se fue sin problemas, lo más bien. Pero se quedaron dos que nadie
conocía y que estaban armados. Se ve que me equivoqué de personas. Uno de esos chicos le pegó un
tiro a mi hijo Matías. Y ahora, de la cintura para abajo no siente nada", dijo jaqueado por la
angustia este trabajadro de 43 años, padre de tres hijos.
Rezar. Matías tiene 19 años y es hincha de Newell’s Old Boys. Después de
terminar el 9º año, se anotó en el Eempa ubicado en Sánchez de Bustamante y bulevar Oroño donde en
diciembre terminó el segundo año. Además, desde hace tiempo trabaja colocando pisos de madera.
Al igual que sus tres hermanos, el muchacho nació y se crió en Las Flores. "Hace
20 años que vivimos en el barrio y nunca tuvimos un problema. A mi hijo lo conoce y lo quiere mucha
gente. Lo único que les pido ahora es que recen, que oren para que Matías vuelva a caminar. Eso les
pido", dijo con la voz quebraba mamá Zulma, de 42 años.
"Y además quiero que por favor paren esta locura. El otro día le pegaron un tiro
a otro chico (Francisco Ponce, de 31 años, asesinado el domingo 19 de octubre en la esquina de
Belén y Clavel) que también era un inocente. Lo mataron por el sólo hecho de andar por la calle. Y
ahora le tocó a mi hijo, que es un inocente trabajador. Hasta cuando va a seguir esto", clamó
Zulma.
Eran aproximadamente las 5 de la mañana cuando el garaje de la casa de los
Aguilar era una pista de baile. Jesús, el hermano mayor de Matías, oficiaba de disc jockey poniendo
música con su computadora. "Salí un momento a la puerta y vi que mi hermano se estaba empujando con
otro muchacho. Me acerqué para separarlo y entonces vi al otro que sacó un arma, le disparó por la
espalda y se escapó corriendo", comentó Jesús, de 22 años.
Tras ellos. Así de simple. A traición y por la espalda, Matías recibió un balazo
certero desde corta distancia. "Ví como mi hermano se desvanecía. Me enceguecí y empecé a correr al
que disparó. Atrás iba mi papá que me decía: «Dejalo, Jesús. Está armado. Te va a matar»", explicó
el muchacho. "Hubo un momento en que escuché un sonido, como que cargaba el arma, pero se le cayó
el cargador. Sino me tiraba", rememoró el joven.
Con las pulsaciones a mil, los agresores corrieron por calle Rosa Silvestre,
luego tomaron por Guardia Morada, el pasaje Belén y después por España al sur. Ahí fue donde Jesús
los perdió de vista. En la carrera, al tirador se le cayó un cargador que se corresponde con una
pistola Bersa calibre 22. "Al pibe no lo conocíamos. Hasta ese momento no sabíamos quien era", dijo
el hermano de Matías.
En tanto, al chico herido lo cargaron en un auto y lo llevaron al hospital Roque
Sáenz Peña. Desde allí, debido a la gravedad de la lesión, una ambulancia lo trasladó hasta el
Clemente Alvarez. Sus familiares comentaron que nunca perdió el conocimiento y que por el lugar
donde quedó alojada la bala —en la 10ª vértebra— no pudieron operarlo.
"Llamamos varias veces a la policía. Cada uno que tomaba la llamada nos
preguntaba lo mismo, pero nadie venía al lugar. Llegaron como una hora y media después. Y cuando
fuimos a la subcomisaría 19ª, tuvieron que patear la puerta (los propios policías) para que nos
atendieran", relató Enrique.
El agresor.Los familiares y amigos de Matías identificaron al agresor con
nombre, apellido, apodo y dirección. Dicen que en el barrio lo conocen como Albert, tiene 19 años y
vive a sólo cuatro cuadras de la casa del pibe herido.
Pero los allegados al acusado no se quedaron quietos y llamaron a la familia de
Matías. "Mientras corría perdí mi celular", relató Enrique. "Ayer (domingo) a la tarde me llamaron
a mi celular viejo y me dijeron: «Ojo con lo que hacés, porque acá la policía no entra». Además
anduvieron rondando mi casa en moto y armados. Esto es una locura", explicó el padre de Matías.
Anoche, el joven seguía internado en el Heca acompañado por sus familiares, su
novia de 15 años y una veintena de amigos que rezaban para su completa recuperación, algo que para
los médicos parece una utopía.