Un hombre con discapacidad mental que pasó casi 30 años en el corredor de la muerte de Carolina del Sur, condenado por el crimen a puñaladas de una mujer, quedó en libertad ayer bajo un acuerdo con la fiscalía.

Un hombre con discapacidad mental que pasó casi 30 años en el corredor de la muerte de Carolina del Sur, condenado por el crimen a puñaladas de una mujer, quedó en libertad ayer bajo un acuerdo con la fiscalía.
Edward Lee Elmore se declaró culpable del asesinato de Dorothy Edwards, una viuda de 75 años que lo empleaba para trabajos diversos en la casa, pero en realidad jura su inocencia. Lo hizo para que los fiscales le otorguen la libertad.
Un mechón de pelo rubio fue hallado junto al cadáver Edwards, muerta de 52 puñaladas, detalle que lo ayudó a Elmore -que es negro- a sembrar dudas cada vez que estaba a punto de ser enviado a la pena de muerte. Así llegó a ganar un nuevo juicio. En lugar de volver a juzgar un caso de décadas atrás, el fiscal resolvió ofrecerle el acuerdo.
Elmore estuvo en el pabellón de los condenados a muerte nada menos que 28 años y otros dos en el de máxima seguridad.
Antes de la audiencia, a Elmore le permitieron ser visto por tres de sus hermanas y dos de sus hermanos, presentes en la sala del tribunal. Muchos de ellos lloraban en silencio a medida que él hablaba. Uno sonrió al alejarse de la audiencia y expresó: "Oh, lo que tarda mucho en llegar..."
Un perejil. Raymond Bonner, un ex reportero del New York Times, siguió el caso durante la última década y hasta llegó a escribir un libro. El periodista dijo ayer que la policía estaba ansiosa de arrestar a alguien para disipar los temores de una comunidad de que un violador y asesino estaba entre ella, y así detuvo a toda prisa a Elmore.
Bonner afirmó que los fiscales en realidad nunca establecieron un motivo ni contaron con alguna prueba contundente.
"No hay una gran cantidad de personas condenadas a muerte que, en los hechos, es inocente" en las cárceles de los Estados Unidos, dijo Bonner. Pero aseguró: "Edward Lee Elmore es objetivamente inocente. No cometió ese crimen. Fue una trampa".
Elmore fue condenado en un juicio sumario en Greenwood, una ciudad textil antigua de alrededor de 23.000 habitantes en la parte noroeste del estado de Carolina del Sur. Como con la mayoría de los casos condenados a muerte, sus apelaciones se abrieron paso a través de una variedad de cortes.
Al igual que otros presos que de condenados a muerte fueron exonerados debido a la nueva tecnología de análisis de ADN, los abogados de Elmore le pidieron a un juez en el año 2000 que revocara la condena debido al pelo rubio hallado en el cadáver de la mujer.
Llegaron a solicitarle, debido a un vecino rubio que vivía lindero a la viuda y que luego falleció, que exhume el cuerpo del hombre para poner a prueba su ADN, pero el juez rechazó la solicitud.
No fue sino hasta 2010 que Elmore recién vio que su destino podía dar la vuelta. Un juez dictaminó que Elmore era mentalmente apto y que el Estado de Carolina del Sur debía privarse de ejecutarlo, basándose en una sentencia de 2002 de la Corte Suprema de los EEUU.
Los fiscales del Estado no se opusieron a la decisión del juez para en cambio sentenciarlo a la cadena perpetua. Así Elmore, después de 28 años, fue trasladado desde el pabellón de la muerte a otra prisión de máxima seguridad.
En septiembre de 2010, un tribunal de circuito de apelaciones de Richmond, Virginia, escuchó los argumentos sobre el pelo rubio.
Los abogados de Elmore dijeron que las autoridades ocultaron el mechón mediante el etiquetado de que era una fibra de la alfombra. Los fiscales argumentaron que había declaraciones incriminatorias de un informador encarcelado.
Los jueces revocaron su condena en noviembre. Después de examinar el caso más de un año, el tribunal falló diciendo que los investigadores no siguieron los procedimientos habituales en la recogida de pelos de la cama de Edwards, dejando de tomar fotos, recolectar mantas o sábanas para su posterior análisis forense o paquete de los pelos como otras evidencias tomadas de la escena del crimen.
Los abogados defensores también capitalizaron que un experto pudo probar que Elmore, al momento de la muerte de Dorothy, estaba en otro lugar.
En enero, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos rechazó la petición de los fiscales de Carolina del Sur de retrasar el juicio de Elmore.
"Sí, señor"
Edward Lee Elmore gastó 11.000 días tras las rejas. Cuando entró a la cárcel tenía 23 años; al recuperar la libertad cuenta con 53. En su estancia en el pabellón de los condenados a muerte vio a 30 de sus compañeros detenidos fallecer. Muchos se preguntarán cuanto tardará la industria del cine norteamericano en crear un film basado en el nuevo héroe. “Si, señor”, contestó ayer en voz baja Elmore cuando un juez le preguntó si quería declararse culpable del asesinato de la viuda Dorothy Edwards, que se pasó décadas negando, con tal de ganar la libertad.