Sergio Guzmán podía considerarse un hombre libre. Había saldado una pena a 3 años de prisión por participar del robo en el que murió asfixiado un jubilado del barrio Parque Casas. Del juicio oral por el caso que se realizó el año pasado se fue en libertad porque ya había estado ese mismo lapso en prisión preventiva. Pero ese horizonte sin ataduras cambió tan drásticamente como el monto de su condena: un tribunal de apelación elevó a 17 años el tiempo que deberá pagar en prisión al considerar que no fue un simple chofer sino un integrante más de la banda de asaltantes.
La sentencia que añadió 14 años a la pena ya cumplida por Guzmán fue emitida por la Sala II de la Cámara Penal. Ese tribunal, integrado por tres jueces, revisó la sanción más leve que había recibido el acusado en un juicio oral. En base a relatos de testigos, los camaristas concluyeron que mientras transcurrió el asalto en el que murió el jubilado Gabriel Retamar, de 80 años, el imputado no estuvo esperando al volante de su auto, como se creía, sino en la escena misma de la acción delictiva.
Asfixiado. Los jueces modificaron la pena y declararon rebelde a Guzmán, que no se presentó a la audiencia de apelación. Es el tercer condenado con sentencia firme por el crimen que ocurrió la madrugada del 3 de abril de 2009 en la casa de Rematar, de Casiano Casas 1647. El jubilado vivía solo y falleció asfixiado por una toalla con la que los ladrones lo amordazaron para que no gritara, tras atarle los pies y las manos con un cable.
Por el ataque fueron acusadas cinco personas. Edgardo Emilio Colorado Oviedo aceptó su responsabilidad en el caso y fue condenado a 14 años en un juicio abreviado en 2011. Una chica que tenía 16 años al momento del hecho y también asumió su participación fue eximida de pena por ser menor. Juan Carlos B., en tanto, permanece prófugo.
En un juicio oral de junio de 2012, a cargo del juez de Sentencia Gustavo Salvador, fueron condenados Guzmán y Josefina Villalba, ambos de 40 años. A él le dieron 3 años como partícipe primario y la sanción se dio por cumplida porque ya había estado ese mismo período en prisión preventiva. Ella recibió 10 años como coautora y los cumplirá en prisión domiciliaria por padecer un leve retraso mental y parálisis parcial.
Fueron todos. Según la acusación del fiscal Enrique Paz, los cinco acusados habían acordado cometer el asalto. Fueron en el Fiat Regatta gris de Guzmán que estacionaron a pocos metros de la casa de la víctima, quien conocía del barrio a Josefina Villalba y solía dejarla pasar a su casa. Por eso no dudó en abrirle la puerta cuando ella le pidió ir al baño. Detrás de la mujer irrumpieron tres hombres que empujaron al jubilado, lo ataron y amordazaron para acallar sus gritos, pero dos vecinos alcanzaron a escucharlo y llamaron a la policía. Guzmán fue detenido cuando salía con una cámara de fotos. Villalba cuando se iba con un taladro color naranja.
En el juicio, Guzmán dijo que esperó en su auto la salida de los ladrones y que había acordado con ellos participar de un "escruche". Consiguió el respaldo de un testigo, que dijo que aquella noche lo vio sentado en el auto al salir del quiosco de Casiano Casas y Miller. En base a ese testimonio, el juez de primera instancia condenó al acusado como partícipe del hecho.
Disconforme, el fiscal Paz apeló el fallo y el caso llegó a la Cámara Penal. Los jueces Adolfo Prunotto Laborde, Alfredo Ivaldi Artacho y Ernesto Pangia valoraron de otro modo los elementos de prueba y concluyeron, en base a otros testimonios, que Guzmán participó directamente del robo dentro de la casa de Retamar.
Tres personas —un vecino, un policía y la adolescente que participó del asalto— coincidieron en que dentro del auto no había nadie, que a la casa entraron todos y que Guzmán fue detenido cuando intentaba fugarse. Los jueces le dieron una pena más alta que al resto porque consideraron que aportó el auto, esencial para concretar el golpe. Y pidieron que sea acusado de falso testimonio el testigo que dijo haber visto a Guzmán esperando en la esquina.