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Le sacaron el estéreo del auto en el centro rosarino y ahora le ofrece trabajo al ladrón

Cuando muchos piden justicia por mano propia ante los maleantes, un vecino de Pérez sorprendió a todos con un insólito ofrecimiento a sabiendas de los riesgos.

Sábado 14 de Septiembre de 2013

Un hombre oriundo de Pérez fue víctima la tarde del jueves de un robo con una mecánica casi usual y cotidiana: un muchacho se acercó a su utilitario estacionado en Corrientes y Jujuy, en el centro de Rosario, y con una bujía le rompió la ventanilla del acompañante para luego, con un par de movimientos rápidos y cara de distraído, sacar el equipo de audio del vehículo en menos de tres minutos. Todo fue grabado por una cámara de vigilancia y la víctima del robo, a pesar de no poder superar la angustia y la bronca, en vez de buscar venganza sostuvo que "a este muchacho le diría que venga a trabajar conmigo y le preguntaría por qué roba".

Jorge Coso tiene 56 años y una pequeña fábrica de insecticidas en la localidad de Pérez. Sin embargo, él se autodenomina "un vendedor profesional". Es de mediana estatura, está casado y es padre de tres hijos. La tarde del jueves, cuando sucedió el robo, estaba en el médico. "Fui a hacerme kinesioterapia y cuando salí ví la chata, que es una Traffic modelo 2012, y noté algo raro. Cuando me subí me dí cuenta de que tenía la ventanilla rota y que me faltaba el equipo de música. Entonces bajé y le pregunté al portero de un edificio de Jujuy al 1300 si había visto algo o a alguien y me dijo que no", contó ayer la víctima.

Filmado. No obstante, el portero le dijo a Jorge que tal vez la cámara de seguridad del edificio haya grabado la situación. "Vimos el video y resulta que ahí estaba. Se ve que el ladrón llega al lugar en una moto tipo scooter, mira la esquina, observa la chata, da una vuelta y estaciona la moto al lado de la Traffic, sobre la vereda. Después saca una bujía, rompe el vidrio y se mete para robar. En ese tiempo mira para todos lados, se fija la situación y después se mete el estéreo en la campera y se va". Hasta ahí está todo registrado. "Se le ve la cara, la chapa de la moto y hasta el reloj", dijo Jorge. El portero del edificio le dio al hombre la grabación y él la llevó a la policía además de difundirla en los canales de televisión de la ciudad.

Sin embrago, el hombre asombró ayer con una razonamiento simple: "A mí este muchacho, medio gordito y de unos 30 años, me robó un equipo que me sale 1.900 pesos. Y él , con ganas, lo vende a 300 pesos tomando todos los riesgos. Encima la cámara lo registró y ahora si quieren lo pueden meter preso. ¿No le convendría trabajar?", se preguntó Jorge.

Y la pregunta se la contesta rápidamente con una acción concreta. "Que me venga a ver, me gustaría hablarle y ofrecerle trabajo. Conmigo o en la fábrica de algún amigo. Conozco mucha gente. La verdad que con la edad que tiene, yo que él lo pienso", y admitió que "estaba muy enojado cuando me robó, pero igual le ofrezco esto."

El hombre no tiene fortuna, es una persona de trabajo. "Me hice muy de abajo, peleándola y peleándola. Tuve mil golpes, me caí 20 veces y resucité otras tantas. No tengo miedo a encontrarlo y hablarle a este pibe, le diría que lo ayudo a buscarle la vuelta a las cosas, pero que deje de robar, que trabaje".

Jorge tiene una cuenta pendiente con su forma lógica de ver el mundo. "Una vez ayudé mucho a un pibe de acá de Pérez, lo mandé a la escuela, le di de comer, le miraba los cuadernos y durante un tiempo fue casi un hijo. Pero después salió chorro. Le hablé mucho, pero bueno, ese pibe me salió mal", dice pesadamente.

La sorpresa. Ahora, a pesar de su ofrecimieno, Jorge enfrenta consecuencias que no previó al momento de difundir su caso en los medios. "Hice las notas y puse la cara y resulta que me llamaron los administradores del edificio frente al cual ocurrió el robo para decirme que posiblemente echen al portero que me dio la grabación", dijo. Y agregó: "No entiendo. Este chico y yo actuamos de buena fe y ahora él tiene problemas y yo quedo mal. No tengo miedo de encontrarme con el ladrón y hablarle, pero el portero no tiene nada que ver con ésto", aseguró Jorge.

La víctima del robo enfatizó esto último y afirmó que "el portero tiene una familia que mantener y teme que el ladrón lo busque, pero lo peor es que podrían despedirlo, no se entiende", comentó con cierta tristeza.

El tipo de actitud de Jorge Coso podría igualarse con la de alguien con profundas creencias religiosas por el hecho de que no sólo perdona si no que además, quiere redimir a quien lo perjudicó, lo robó. Pero él no hace alarde de ese aspecto personal. "Sólo soy católico por costumbre, no soy pastor ni nada que se le parezca. Es que viví y sufrí mucho y por eso, mientras puedo, ayudo", sentenció.

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