Y otra vez volvió a pasar. Una mujer denunció públicamente ayer haber sido
víctima de una ingeniosa estafa telefónica. Utilizando un ardid del catálogo de cuentos del tío,
los delincuentes llamaron al menos cinco veces a su domicilio del macrocentro y en esas
comunicaciones, espaciadas a lo largo de más de una hora, desarrollaron un guión basado en una
serie de datos personales del que participaron tres personajes, uno de ellos con el nombre de un
reconocido abogado del foro local. Todo comenzó con una advertencia sobre un inminente allanamiento
al domicilio, le siguió el llamado de un familiar y finalmente el supuesto letrado que terminó de
timar a la mujer en 4 mil pesos. El hecho no fue denunciado ante la policía: "Ya no puedo confiar
en nadie y menos en la policía", dijo la víctima al ser consultada por LaCapital.
"Creemos que estos tipos son los mismos que también trabajan llamando por
teléfono desde un supuesto banco y advirtiendo que está por salir de circulación una serie de
dólares o pesos. Para hacerle el cuento a la gente usan unos pocos datos, la guía de teléfono y
después, con astucia y paciencia, le van sacando datos a las víctimas. Como se conoce en la jerga,
de mentira a verdad", comentó ayer una fuente policial consultada. No es la primera vez que con
esta modalidad se golpea en Rosario, donde se registran al menos otros tres casos (ver aparte).
Nueve reinas. Si existe una película argentina que ha provocado un gran impacto
en el público en los últimos años, esa es "Nueve Reinas". La historia de dos estafadores porteños
que se conocen por casualidad y deciden unirse para trabajar juntos haciéndose fuertes en el arte
del cuento del tío. Si bien hasta anoche la policía rosarina no tenía denunciado el hecho, el
relato que hizo ayer por la mañana Ana María en Radio 2 expuso un catálogo de variantes de los
descuidistas telefónicos. Esta vez el objetivo fue una casa ubicada en inmediaciones de Catamarca y
Dorrego, el jueves por la tarde. La mujer llegaba a su domicilio cuando comenzó a sonar
insistentemente su teléfono fijo.
Al atender, del otro lado del tubo una voz preguntó por ella identificándola con
nombre y apellido. Y luego le dijo: "Señora, le quiero advertir que hay una orden de allanamiento
contra su domicilio". Enseguida Ana María respondió que eso era "imposible porque no hay motivos
para que eso ocurra" y agregó que iba a llamar a su abogado.
Entonces, el maleante le dijo que "la orden se puede cumplir de 8 a 20 y son las
16. Esto puede ejecutarse hoy o mañana a primera hora".
La palabra "allanamiento" fue un disparador en el cuento que le hicieron a Ana
María. Vale destacar que nadie desde la Justicia o la policía debe, o debería, advertir sobre la
inminencia de una orden de allanamiento. Porque de la sorpresa de esa medida depende el éxito del
operativo.
Luego a Ana María le hicieron un ping pong de llamados en el que intervinieron
un supuesto sobrino, que se identificó por su nombre de pila e invocó lazos familiares, y un
supuesto abogado. En la teatralización telefónica el sobrino le dijo a su tía que él la iba a
comunicar con el abogado "Guillermo Peyrano", un nombre fuerte en el foro local ya que el
profesional es decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina, donde cursan
abogacía dos familiares de la mujer. Como por arte de magia, a los pocos minutos que el sobrino
cortó su comunicación, desde un "número privado", se comunicó con Ana María el falso doctor
Peyrano.
Sacar lo de valor."Me preguntó que me pasaba —relató la mujer— y le
conté. El me dijo: «Señora usted no puede resistirse a una orden de allanamiento. Lo que le sugiero
es que saque todo lo que tiene de valor en su casa porque la policía no es confiable»". Aunque Ana
María le confesó que no tenía nada, el falso abogado insistió: "¿Cómo no tiene nada? Dólares, oro,
dinero importante". Y entonces la mujer admitió que tenía parte de su sueldo y unos ahorros.
El dato había sido dado. "Si usted quiere yo me ocupo para ver qué puedo
averiguar. Mientras tanto llame a su sobrino, pídale mis antecedentes y dígale que yo le sugiero
colocar el dinero que tenga en una caja de seguridad en mi estudio", contó Ana María.
A partir de ese momento la treta entró en el campo de la definición. A los pocos
minutos del llamado del abogado trucho, llamó el sobrino falso. "Yo confiaría. Vos sabés quien es.
Aparte mi hermana lo conoce", le dijo. Y por último, otra vez el falso Peyrano al teléfono: "Bueno
señora. Ahora va a pasar por su casa el doctor Fernando Arana. Dele el dinero en una bolsa y
descuelgue el teléfono, porque es seguro que su línea está pinchada. Vuelva a colgarlo tipo
17.15»", recordó la víctima que le inidcaron del otro lado del tubo.
Para cuando la mujer y sus familiares cayeron en la realidad de que el verdadero
doctor Peyrano estaba en su oficina de la UCA y que todo era un cuento, Ana María ya había
entregado los 4 mil pesos a uno de los timadores. Pero no quiso radicar denuncia alguna porque ya
no confía en nadie, "menos en la policía".
Advertencia
Ante la reiteración de hechos como el relatado en la crónica de esta página, el
Colegio de Abogados de Rosario emitió un comunicado en el cual advierte que en ningún caso los
allanamientos son comunicados con antelación y que cuando se debe consultar a un abogado no es
recomendable hacerlo por teléfono si no se conoce al profesional.