Desde Gutemberg para acá y particularmente en los últimos 50 años, el proceso de comunicación social junto al crecimiento de los medios, ha creado un sistema de gran protagonismo. Este fenómeno es parte de nuestra historia y cultura pero teniendo en cuenta su poderío deberíamos reflexionar hasta qué punto y en qué casos estos medios influyen sobre nosotros más allá de lo conveniente. Algunas leyes intentan encuadrar el accionar mediático y aunque logran poner ciertos límites, no pueden disminuir dicha influencia. El ejercicio pleno de la democracia necesita libertad de prensa pero esta a su vez requiere ciudadanía con pensamiento autónomo. Por este motivo, si individualmente no empleamos un método defensivo adecuado corremos el riesgo de ser utilizados y conducidos. La idea es prevenirnos sin caer en la censura represiva ni en el fundamentalismo ideológico. Un intento sería analizando la clásica definición que entiende a la comunicación como "quién dice qué a quién, mediante qué cauce y con qué efecto". Habrá que pensar entonces de qué empresa o grupo proviene el mensaje y ver si sus intereses son de información neutra, de carácter comercial o de beneficio político. El análisis del mensaje en sí requiere una observación más profunda ya que algunos relatos y críticas suelen estar maquillados con retórica engañosa. Es necesario leer entre líneas, escuchar entre palabras y ver entre imágenes. Además de los contenidos básicos de los mensajes debemos tener en cuenta si los mismos son presentados como tapa, editorial, investigación, reportaje, gacetilla o comentario firmado. Por último para detectar intenciones que distorsionan la realidad hace falta intuir "qué efecto" se busca producir en nuestra conducta: inducción a una ideología, a modelar la imagen de alguien o bien a la compra de algo. El marketing no siempre es inocente y en ocasiones recurre a los medios. Digamos finalmente que si declamamos sobre la libertad de prensa, un valor que no se discute, esto implica la disponibilidad de distintas opiniones sobre un mismo tema. Así es la democracia; pero por otro lado resulta imprescindible procurar autonomía de análisis utilizando un filtro reflexivo. Es decir una vacuna preventiva para evitar los efectos no deseados de algunos mensajes. Lograríamos de este modo preservar nuestro juicio crítico, que no es poca cosa.




























