El Papa Francisco manifestó ayer su gran dolor por el caso de abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes de una parroquia española. "La verdad es la verdad y no debemos esconderla", aseguró a los periodistas españoles que lo acompañaban en el vuelo de regreso de Estrasburgo (Francia), donde celebró una breve visita a las instituciones europeas.
"Recibí la carta, la leí, llamé a la persona que me la había enviado y le dije: «Mañana ve a ver al obispo»", contó el Papa, quien forzó la apertura de una investigación diocesana por abusos sexuales tras recibir una carta de una víctima.
"Escribí al obispo para (decirle) que empezara el trabajo, hacer la investigación e ir adelante", explicó Francisco.
El arzobispado de Granada (Andalucía, sur de España) suspendió a mediados de noviembre a un grupo de sacerdotes, a los que un joven denunció ante el Papa argentino por "abusos sexuales" cuando era menor.
La justicia española ordenó por su parte la detención de cuatro personas, tres curas y un seglar por el mismo caso.
"¿Cómo lo estoy viviendo? Con gran dolor, con grandísimo dolor. Pero la verdad es la verdad y no debemos esconderla", reconoció Francisco.
Confirmó así que el caso fue abierto por orden suya después de haber recibido la carta del joven en la que relataba los abusos que había padecido por parte de sacerdotes cuando era menor de edad, de los siete a los 18 años de edad, cuando frecuentaba una parroquia de Granada.
Los religiosos pertenecen al llamado clan de Los Romanones, que recibe el nombre por el jefe del grupo, un sacerdote de nombre Román y el cual está entre los arrestados.