La detención de Arturo Luglietto, el empresario artístico acusado de liderar una
organización internacional de narcos que tenía su base de exportación de cocaína en cercanías de la
ciudad santafesina de San Javier, no sólo desnudó cómo funcionaba el negocio de esa banda sino que
expuso la presencia en el país de uno de los clanes de la Camorra napolitana. Desde los primeros
días de este siglo, dicen los investigadores, la poderosa organización económica y criminal que
tiene su asiento en Campania (provincia del sur de Italia), ha extendido sus tentáculos hacia todo
el mundo para manejar prósperos negocios detrás de los cuales ocultan el tráfico de armas y drogas,
la prostitución y la extorsión entre otros rubros. En ese mapa global, la Argentina en general y
Santa Fe en particular parecen haber tenido su lugar asignado.
La prensa italiana precisó en estos días que la investigación que trajo a los
pesquisas europeos hasta Colonia Francesa, el paraje del departamento San Javier desde donde se
exportaba cocaína dentro de troncos de palo borracho ahuecados, "nació a fines de 2007". Y que tuvo
su pico de certeza el 28 de agosto de 2008. Aquel día, Arturo Luglietto quedó bajo la lupa de los
investigadores tras ser identificado como el dueño de un cargamento de 478 kilos de cocaína que
llegaron al puerto de Vado Ligure, en Nápoles, ocultos en tres contenedores cargados de muebles y
artesanías mexicanas. Desde entonces, la Guardia de Finanzas empezó a seguir los pasos de este
empresario que realizaba constantes viajes a Sudamérica para cerrar negocios artísticos. Y, además,
a analizar sus lazos familiares y comerciales.
Los nombres del clan. Don Arturo tiene 50 años y es hijo de Giovanne Luglietto,
un hombre que supo hacer negocios por Paraguay años atrás y que acogió en su residencia del país
sudamericano a Mario Fabbrocino, un alto jefe de la Camorra de la zona vesubiana que escapaba de la
Justicia italiana. Sin embargo, los investigadores aseguran que este capo fue apresado en 1997 y
extraditado a su país cuatro año más tarde.
En tanto, el hijo de don Arturo, Giovanni, trabaja como contador en Italia
aunque fue mencionado por los medios periodísticos argentinos allá por 1998 como quien había
comprado con dinero de la Camorra una parte accionaria del sauna Spartacus, un reconocido reducto
gay de la Capital Federal que se hizo célebre cuando el juez federal Norberto Oyarbide fue visto
salir del lugar en malas compañías.
Asimismo, la mamá del presunto líder de la banda, doña Vicenza Iovino, quien fue
apresada con él la semana anterior, está sindicada por la policía italiana como la preunta dueña
del vivero Eurogarden, lugar hacia el cual estaban destinados los palos borrachos ahuecados y
cargados de cocaína que viajaban desde San Javier a Nápoles.
Empresario polirrubro. Pero la fachada detrás de la cual se escondía Luglietto
era la de un empresario artístico. El hombre, que al igual que su padre residió varios años en
Paraguay, era muy estimado en ese país por sus vinculaciones con el partido Colorado, en el cual
llegó a ser socio del ex diputado nacional Angel Barchini, recordaron en estos días las páginas del
diario ABC Color de Asunción. Juntos llevaron a tierras guaraníes al cantante Eros Ramazzoti, en
1994, y al mexicano Juan Gabriel, en 2005, para exitosos recitales.
Pero hace un par de años, al volver a Italia, Luglietto se reposicionó en otro
rubro: inició el comercio internacional de plantas exóticas y productos textiles desde América del
Sur hacia Europa. Eso, dicen los pesquisas italianos, le permitió volver a vincularse al clan
Fabbrocino. Claro que ahora el negocio era la importación de cocaína oculta en troncos de palo
borracho, una especie por demás de exótica que algunos italianos quieren sembrar en los grandes
parques de sus residencias. La última carga que recibieron así embalada se preparó en San Javier y
partió del puerto de Buenos Aires el 31 de marzo último. Fue detectada en el puerto de Génova,
aunque su destino final era Nápoles.
Palabra de experto.En su best seller mundial titulado Gomorra, el escritor y
periodista Roberto Saviano dice que la Camorra napolitana tiene unos 220 clanes con miles de
afiliados y simpatizantes que, a diferencia de la mafia siciliana, tiene una estructura
horizontal.
Y comenta que "la mafia no es tan sólo un fenómeno local, como muchos buscan
hacer creer, sino que se ha globalizado. Sus tentáculos llegan a todos los rincones del planeta,
incluída la Argentina, de donde sale la mayor parte de la cocaína que llega a las regiones
italianas de Campania (base de la Camorra) y Calabria".
Saviano asegura en su investigación llevada al cine que "cuando estalló la
crisis argentina, en 2001, todas las mafias del mundo extendieron sus redes hasta el país de la
misma manera que ocurrió cuando tuvo lugar la caída del Muro de Berlín". Al producirse el colapso
económico y político, "todos fueron a la Argentina, hasta los más débiles. De los napolitanos, por
ejemplo, fue el clan de los Fabbrocino, que abrió ventanillas (cuentas) bancarias", sostiene,
haciendo mención al clan vinculado a Arturo Luglietto.