Una vez terminado el superpromocionado partido Boca-River, se pudo apreciar a los más variados personajes, sea el lugar que les tocó ocupar y sin distingo de profesiones o cargos, tuvo un trasfondo tan insólito y tragicómico que una vez más puso a prueba nuestra ya agotada capacidad de asombro. En consecuencia me voy a detener en el presidente del club involucrado, y sus reiteradas y también tendenciosas y lamentables declaraciones. Este señor cuyo lamentable desempeño o fracaso, producto tal vez de su incapacidad para la difícil función que cumple, para la cual evidentemente no está preparado humanamente, se soslaya y pretende autoexculparse de cada acontecimiento que ocurre dentro de las instalaciones de su club, por otro lado su casa, con una expresión que se le ha hecho carne: "Lo que aquí sucede es el reflejo y la culpa de la sociedad en que vivimos", eterno latiguillo utilizado a modo de exoneración de sus ineludibles culpas. Evidenciando ser el exégeta de un mandato que domina sus movimientos y conduce su destino. Caso contrario de ser un autodidacta de sus opiniones, sería interesante hacerle saber que una sociedad se compone de pequeñas sociedades, y en este caso ante tantas reiteraciones la que evidentemente está en olorosa descomposición, como tantas otras pequeñas sociedades que suelen imitar sus descargos, es la sociedad privada que conduce. No tiene sentido aquí deletrear nombres de barras, fiscales, empleados del club, personajes con sueldo para tapar o embarrar noticias. Sí vale por ejemplo hacerle saber que en esta sociedad que él denigra y dice estar contaminada, también hay médicos que salvan vidas todos los días, maestros rurales que viajan kilómetros para poder dar clases, que aumentó la cantidad de donantes y trasplantados en el país, entre tantas cosas buenas, que el señor aparentemente y lamentablemente desconoce, porque su vida se limita por lo que se observa infructuosamente, a su insignificante y lamentable insociable sociedad.



































