El viernes 11 de enero pasado en la marplatense Playa Grande, la atractiva diputada nacional Victoria Donda (del partido Libres del Sur), paseó en bikini por esa famosa playa de "La Feliz" acompañada por Alfonso Prat Gay, en el marco de una caminata política. La vestimenta playera de "Vicky" frente al mar causó un cierto revuelo en los medios de comunicación y en las redes sociales. Ahora bien, la diputada ni siquiera lucía la parte inferior de la bikini, sino que llevaba un recatado short y aunque posee una "delantera" más poderosa que la del Barcelona, la trasgresora Victoria decidió que no era cuestión de cubrirla con una aburrida remera. Como siempre sucede en estos casos, la reacción produjo en la gente comentarios a favor y en contra. Mientras unos la defendieron sosteniendo que estamos en el siglo 21 y que hacen falta vanguardistas que terminen con las antiguas formas pacatas; otros señalaron la hipocresía de quienes no se cansaban de ver las fotos de su cuerpo en la arena pero la criticaban. Hubo quienes opinaron que la política ya está bastante desprestigiada como para sumarle hechos faranduleros. Yo no me escandalizo con la imagen veraniega de la llamativa diputada ni la repruebo sin piedad; eso sí, debo reconocer que como soy antiguo, preferiría que adoptara un estilo más acorde a una figura pública que, por añadidura, ocupa una banca en el Congreso de la Nación (aun estando en el siglo 21). Sin embargo, no puedo dejar de preguntar ¿cómo hace una mujer joven para disfrutar de la costa atlántica sin aparecer como pasada de moda?, ¿debe resignarse a no concurrir a la playa? En fin, me parece que más grave que su cuerpo en bikini por Playa Grande, es la situación social de la Argentina que ya he comentado otras veces en este espacio; más importantes que la exuberante anatomía de Vicky, son los problemas institucionales que existen en el país, merecedores de justas críticas. Cuando todo ello esté definitivamente solucionado, entonces sí podremos rasgarnos las vestiduras; entonces sí podremos ocuparnos del vestuario playero o callejero de las chicas de nuestra política.































