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Justin Bieber hizo delirar a más de 40 mil fans en el estadio de River

Regreso con gloria. El ídolo de 19 años desplegó su carisma en un show sin fisuras. A veces los gritos de las chicas fueron más potentes que la música del espectáculo.

Lunes 11 de Noviembre de 2013

Justin Bieber enardeció a unas 40.000 fans argentinas el sábado por la noche, en la primera de las dos presentaciones en el estadio de River Plate de su "Believe Tour", que incluyó canciones de los tres álbumes de estudio que editó en su carrera.

En su segunda visita al país, el artista canadiense que aún no cumplió los 20 años renovó el contrato de amor con los —sobre todo "las" —asistentes a su show, en un espectáculo que tuvo su clímax en el estadio pero que comenzó en sus alrededores y aún más, con escenas de llanto y devoción, remeras y vinchas alusivas, y toda clase de merchandising que se ofreció en forma oficial y también marginal.

Todo esto fue la continuación y remate del show que el pasado viernes ofreció en Córdoba, donde 30.000 fanáticas desafiaron una tenue lluvia para ver a su ídolo. Muchas estaban acompañadas por sus padres debido a su corta edad.

La actividad en Buenos Aires comenzó durante la tarde, con el sol alto, cuando se abrieron las puertas del estadio y con la llegada de la multitud hubo lugar para la actuación de los grupos Sonus, Owl City y los solistas Cody Simpson y Carly Rae Jepsen, en algo que era más una prueba de sonido que el disfrute de esas bandas.

La espera tuvo que ver con la ansiedad. Ahí estaban las bandadas de adolescentes y de muchas madres —tan entusiasmadas con el cantante pop como sus hijas—, lo que daba la sensación de una ceremonia pagana, muy cercana a un imaginario erótico colectivo. Tanta era la histeria que Bieber se tuvo que mudar —por razones de griterío y obstrucción del tránsito— desde un hotel de Puerto Madero a un lugar exclusivo en Nordelta, en la zona de Tigre.

La segunda visita del canadiense a la Argentina se vio beneficiada con que la tormenta largamente anunciada para la hora del show nunca se produjo. Algún rato después de la hora prometida, el espectáculo comenzó con artificios técnicos que fueron calentando la escena: tres pantallas gigantes emitieron imágenes del ídolo y momentos después un ajustado grupo de bailarines anunció lo esperado, todo con un despliegue sonoro atronador.

Bieber, el chico único, el ídolo, ese que parece estar a salvo de los escándalos de su vida privada, ese rostro perfecto y de peinado absolutamente calculado, estaba por aparecer en escena. Finalmente ocurrió, las luces temblaron y River se estremeció como en los mejores clásicos: el chico sobrehumano, la celebridad, fue parte de la realidad (aunque sea por unas horas).

Por momentos las exclamaciones fueron más potentes que la música. En primer lugar sonó "All Around The World", que la concurrencia coreó después de mil veces de escucharla en discos. Lo mismo sucedió con "Take You", "Catching Feelings", "One Time/ Eenie Meenie/ Somebody To Love" y "Love Me Like You Do", que exaltaron la manifestación de estrógeno de las chicas.

Hubo saltos, gritos, llantos, expresiones de éxtasis y palabras de amor expresadas en castellano y sobre todo en inglés, para que llegaran más rápido, pero la culminación llegó cuando el cantante se quitó la remera y la locura se apropió del estadio.

"Quiero agradecerles por venir esta noche, las amo. ¿Quién es fan desde el primer día, cuando subía videos a Youtube? Podemos recordar eso", dijo, para seguir con canciones como "She Don't Like The Lights", "Out Of Town Girl", "Be All Right", "Never Say Never" y "Beauty And A Beat", entre otras.

Además de demostrar su talento con el canto y el baile, el ídolo teen tocó la guitarra y el piano, y en todo momento se comunicó con su público. "Tantas hermosas mujeres en Argentina", dijo antes de interpretar "One Less Lonely Girl", y hacer subir a una chica al escenario para cantarle cerquita y abrazarla.

A diferencia del show anterior que dio en Buenos Aires en 2011, el "Believe Tour" (inspirado en su más reciente disco, "Believe"), mostró a un Justin más adulto, con sonidos más maduros, pero con el talento y el carisma intactos de siempre.

Todo esto, se sabe, es un producto cuidadosamente elaborado por las grandes compañías de la música y el espectáculo, pero algo tiene de particular Bieber que otros, tal vez miles, que están en las mismas gateras, no pueden lograr.

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