No podemos suplantar la realidad maravillosa de la Navidad, en la cual se recuerda que un día Dios se hizo hombre en la persona del Señor Jesucristo, con un personaje de leyenda creado por la sociedad de consumo. Lamentablemente, en estos días se habla más de Papa Noel que del personaje central de esta recordación que es el Señór Jesús, y menos aún del importante significado de esta recordación. La importancia superlativa radica en el hecho de que si no hubiera existido Navidad, tampoco hubiera existido la historia de la cruz, y esto sería lo peor que le hubiera pasado a la humanidad. Pues ese nacimiento en el pesebre, era parte de los planes de Dios para redimir al ser humano, pues ese niño de Belén era Dios mismo que tomó nuestra naturaleza con el propósito de un día morir en la cruz del calvario por nuestros pecados para acercarnos con nuestro creador. Este era el contenido del mensaje del ángel enviado por Dios a los pastores que guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños en aquella región: "No temáis, que les doy noticia de gran gozo, que os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor". La importancia de esta noticia era justamente la obra que venía a cumplir Cristo a este mundo: salvarnos. Por esto, en esta nueva Navidad tomémonos tiempo para meditar en esta verdad tan gloriosa y uniéndonos al coro de Belén, exclamemos de todo corazón: "Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra paz, buena voluntad para con los hombres".



































