El conocimiento científico no es patrimonio exclusivo de la Universidad ni de las licenciaturas que ésta pueda otorgar. En el siglo II, los médicos del Imperio Romano desahuciaron al César; éste llamó a Galeno, a quien aquellos denostaban como curandero y charlatán, por carecer de título habilitante. Galeno curó al César con hierbas de los campos aledaños a la Vía Appia y saltó a la fama. La ciencia natural derrotó a la soberbia académica. En el siglo XV los sabios y eruditos asesores de los Reyes Católicos desecharon por impracticable el proyecto de Colón. La realidad se encargó de desmentirlos. En el siglo XVII los togados asesores del Papa, basándose en los conocimientos científicos, filosóficos y teológicos vigentes en las universidades de entonces, procesaron a Galileo por apoyar el sistema copernicano. Los investigadores, anteriores y posteriores a éstos, han demostrado la veracidad científica del sistema.































