Si se analizan los treinta últimos años del desarrollo de nuestra ciudad y los resultados obtenidos en calidad de vida, podemos asegurar que Rosario no se ha desarrollado bajo premisas de una prolija planificación que prevea, entre otras cosas, el acompañamiento de la infraestructura de servicios básicos esenciales, tales como agua, energía eléctrica, desagües y transporte. Los cientos de edificios en propiedad horizontal, incluso sin controles por parte del Estado (llámese Municipalidad), proliferaron en un crecimiento anárquico, generando serios problemas a los vecinos lindantes, con pérdidas de vida de personal de la construcción, reducción de la circulación del aire de nuestra costa para "limpiar la contaminación" producida por los miles de vehículos que circulan diariamente y en constante crecimiento. Los folletos que las autoridades actuales han distribuido generosamente en los distintos centros de atención al vecino —que justo es reconocer descomprimieron las oficinas céntricas de la administración municipal y otorgaron mayor comodidad a los vecinos— ocultan realidades del desarrollo y crecimiento de nuestra ciudad, que conserva manchones de exclusión social muy graves, viejos vicios de construcción en manos de inmobiliarias inescrupulosas, especulaciones tan viejas como la propia ciudad sobre el valor de la tierra urbana y ampliación innecesaria de la superficie edificada que en torres vip no llegan a resolver el viejo problema de la vivienda social de los rosarinos. Antes de festejar el número de permisos de edificación que se otorgan como modelo de "crecimiento", deberíamos tener resuelto —pensando en el hombre como destinatario del progreso— todos los elementos que hagan a su futura calidad de vida, y entre los que el transporte y la seguridad forman parte. Todo lo demás es "guitarreo y verso".


































