Comprobé en carne propia lo que es sentirse desprotegido frente a un incendio. Paso a contarles: siendo las 21.42 del día viernes 13 de marzo, circulaba por Pellegrini hacia el centro cuando a la altura de Perú veo como un transformador aéreo de la EPE explota y se prende fuego, a pocos metros de una estación de servicios, ubicada en la misma esquina. Mi primera reacción fue detener mi vehículo y comunicarme al teléfono 100 de bomberos para que enviaran una unidad, por el riesgo que representaba para la estación de servicios y los vecinos un incendio de esas características. Grande fue mi sorpresa cuando el operador que recibe mi llamada me indica que ellos no pueden hacer nada y que debo comunicarme con la EPE. Paso siguiente se ofrece a darme el número de ésta. Ante mi asombro le indico que un incendio es tarea de bomberos y no de un operario de la EPE, que no cuenta con los recursos para hacer frente a dicha situación. Mi asombro iba en aumento a medida que escuchaba los argumentos esgrimidos por este "servidor público" para delegar en otra área el problema: "No se puede tirar agua cuando hay electricidad". "La EPE debe ir primero a cortar la luz ". "Los bomberos no están para ese tipo de cuestiones". Finalmente, ante mi insistencia, esta persona decidió cortarme el teléfono. Volví a comunicarme, para esta vez volver a escuchar las mismas falacias de parte de otro operador, ante lo que me resigné y seguí mi camino sin poder ayudar en forma alguna. Me retiré del lugar sin una respuesta y con la franca sensación de estar a merced de un grupo de irresponsables en lo que a seguridad de incendios se refiere. En cualquier lugar del mundo, los bomberos se presentan ante cualquier tipo de incendio, eléctrico, químico o de cualquier otro tipo y una vez en el lugar articulan los medios necesarios para contener la situación y resolverla. Le sugiero al secretario de Seguridad de la Provincia que instaure un sistema de grabación de llamadas telefónicas, de manera de poder controlar el accionar de los operadores, ya que por negligencias de este tipo pueden desencadenarse tragedias evitables. Es momento de actuar y de ponernos a la altura de las circunstancias. Rosario es una ciudad cada vez más grande y aún debemos lidiar con la ineficiencia frente a situaciones de crisis. Por el bien de todos, invito a las autoridades a tomar cartas en el asunto.




































