Envío esta carta como suelo hacerlo cada año al acercarse una fecha muy importante para mí. Cada dos de marzo vuelve a revivir en mí aquel dolor tan grande que me invadió esa mañana. Una gran amiga perdía su vida en la esquina de Salta y Oroño. Y cuando me enteré de ese accidente saqué lo más miserable que había en mí, cuestioné a Dios. ¿Por qué? ¿Dónde estabas en aquel momento? A medida que el tiempo pasaba creo que fui entendiendo un poco más. Comprendí que Dios estuvo allí más que nunca, cuando Sebastián Pira las atropelló después de pasar el semáforo en rojo. Dios estuvo allí intentando detenerlo, pero creo que él no logró escucharlo, ¿será por el alcohol que había ingerido? Al chocarlas, Celeste murió en el acto (seguramente Dios se la llevó para que no sufriera), Daniela aún con vida fue llevada en el capot de aquel Galaxy. Dios intentaba sostenerla fuertemente pero él zigzagueaba su auto mientras la insultaba para sacársela de encima. Al llegar a la esquina el conductor frenó violentamente su auto, Daniela cayó, él pasó su auto por encima y luego se fugó. Dios quedó muy triste aquella noche al ver semejante maldad y se llevó con él a las dos chicas para que descansen en paz. Sebastián Pira nunca estuvo detenido, estuvo prófugo 11 años, intentando que la causa quede sin validez. Hoy rezo por él para que esté realmente arrepentido por lo que hizo porque de Dios no puede fugarse, ni coimearlo. El estuvo allí y vio todo lo que pasó, y es a él a quien deba darle una explicación de lo ocurrido aquella noche. Y espero que en estos 11 años la haya encontrado. Daniela, amiga, te llevo siempre en mi corazón.




































