El viernes pasado, aproximadamente a la 1,30 de la madrugada, esperaba un taxi con un grupo de amigas en las inmediaciones de Ricchieri y Salta. A la cuadra de haber subido sola al taxi porque mis amigas se dirigían hacia otro lado, frenó al lado del coche donde iba otro taxi que intentó decirle algo al chofer que me estaba llevando. Grande fue mi sorpresa cuando escucho lo que le estaba diciendo: "A vos te tocó la más fea", en referencia a que sólo yo había subido a ese taxi y no mis amigas que según este señor eran "lindas". A partir de ese momento empecé a preguntarme qué armas tiene un ciudadano común para defenderse de este tipo de agresiones de una persona que trabaja en el transporte público de pasajeros. Por supuesto, el chofer del taxi, chapa N° 1046, huyó cobardemente luego de haber dicho tan agradables palabras referidas a mi persona. Me pregunto qué satisfacción personal le trajo a este hombre referirse a mi persona de esa manera. ¿Necesita mofarse de los "defectos" de los demás para sentir su vida más completa o para sentirse superior a cierta clase de gente que él considera "fea"? La realidad es que el concepto de fealdad de este señor, si se lo puede denominar así, pasa por el peso corporal; soy gorda y eso era lo que para el taxista era sinónimo de fealdad. Realmente es inexplicable la mochila que llevo desde el día en que nací con esta enfermedad: lucho día a día con esto y además tengo que soportar la discriminación de quien quiera decirme algo agraviante sólo para llenar su vida vacía. Si alguien tiene una respuesta a mis preguntas agradecería que me las hagan llegar, aunque dudo que estas existan. Mis agradecimientos al chofer del taxi que me llevaba porque se porto como un caballero ante la actitud de ese pusilánime.
































