Hasta el domingo pasado Jorge Cuccia era uno de los internos emblemáticos del Servicio
Penitenciario santafesino (SP). El hombre, que cumplía una condena a 25 años, era editor de la
revista Ciudad Interna, una prolija y crítica publicación escrita por los internos de la cárcel de
Coronda. También era un portavoz necesario para las autoridades y hasta para los propios medios de
comunicación a la hora de conocer qué pasaba detrás del muro perimetral en la vieja prisión
corondina. En noviembre pasado, el recluso fue trasladado a la Unidad Penitenciaria rosarina, en
Zeballos y Riccheri, donde empezó a gozar del régimen de salidas transitorias. Pero hace una semana
violó la obligación de retornar al presidio y hasta ayer era considerado prófugo.
Cuccia, o Crespillo como se lo conocía habitualmente por su apellido
materno, es de las personas que despierta amores y odios no sólo entre sus pares sino también entre
los miembros del SP. Fue él quien, junto a otros dos internos, le relataron a periodistas de
La Capital cómo los efectivos del SP habían alentado la masacre de 14 presos en la cárcel de
Coronda, aquel trágico 11 de abril de 2005.


































