Un equipo internacional de antropólogos descubrió en un valle de Chiapas, sur de México, una tumba de unos 2.700 años, la prueba más antigua en México y Centroamérica del uso de pirámides como recintos funerarios.

Un equipo internacional de antropólogos descubrió en un valle de Chiapas, sur de México, una tumba de unos 2.700 años, la prueba más antigua en México y Centroamérica del uso de pirámides como recintos funerarios.
La pirámide que debió tener unos siete metros de altura fue encontrada en la zona arqueológica de Chiapas de Corzo, Estado de Chiapas, guardaba la tumba de una mujer, un hombre, un niño y un joven, de alto rango en etnia zoque u olmeca.
Los entierros más antiguos descubiertos en una pirámide en la zona habían sido descubiertos en la zona maya y datan de entre los años 200 y 700 años después de Cristo.
El arqueólogo Emiliano Gallaga dijo que en la pirámide, de unos 7 metros de altura, con escaleras de barro y un templo en la parte superior, se hallaron los restos del hombre, quien tenía un collar y pulseras en los brazos y tobillos, fabricados con miles de cuentas de jade, ámbar y perlas de río, además de una pequeña máscara de estuco con restos de obsidiana verde.
El jade y la obsidiana en los artículos funerarios revelaron que Chiapas de Corzo tenía contacto con el centro de México y con Guatemala, de donde eran esos materiales.
Chiapas de Corzo fue un antiguo centro ceremonial y administrativo, que sirvió como punto estratégico en las rutas de comercio entre el Golfo de México y el Pacífico.
El sitio fue habitado por los zoques, una etnia que poblaba los estados de Chiapas, Oaxaca y Tabasco, en la región del sureste de México.
Pero algunas vasijas grabadas halladas en la tumba tienen elementos de la cultura olmeca. l (Reuters)


Por Tomás Barrandeguy
