Gustavo Cerati abrió el sábado en Rosario el segmento 2010 de presentación de “Fuerza
natural”, su último álbum, con un show en el que sobresalió la calidad interpretativa del ex
Soda Stereo y su grupo, y una tan cuidada como impactante puesta en escena. El concierto, de neto
corte vanguardista, que se realizó en Metropolitano tuvo dos momentos, uno negro y otro blanco, con
canciones del disco nuevo primero y de otras de sus obras después.
Las luces se apagaron y allí mismo quedó clara cuál era la propuesta musical y estética. La
primera era la presentación de “Fuerza natural” y con ese tema Cerati puso a las chicas
a gritar. No era para menos. Ataviados él y su banda con trajes de fantasía negros y antifaces, y
sumergidos en una atmósfera de luces del mismo tono, los músicos se encaminaron a desandar la placa
que sucedió a “Ahí vamos”, luego del parate producido por el regreso de Soda Stereo.
“Rosario nunca estuvo tan cerca” se le escuchó decir entre el rugido de la gente
al final del primer tema en un guiño de locuacidad que se repitió toda la noche. Al límite de
confesar entre “Magia” y “Deja vú” una dolencia en su hombro que no le
permitió sacarse un chaleco que traía puesto. “Puedo tocar, lo que no puedo es hacer el
revoleo de Pete Townshend (guitarrista de The Who)”, dijo para dibujar sonrisas en la cara de
los presentes.
“Desastre”, “Amor sin rodeos”, “Tracción a sangre” y
“Cactus” hicieron que la puesta se destacara. Una inteligente escenografía y un
complejo sistema de luces se conjugaron para ir cambiando con los climas que propuso el sonido.
Mientras que dos pantallas a los costados del escenario mostraron un detallado trabajo de edición
con varias micro-cámaras sobre los intérpretes.
Richard Coleman y Gonzalo Córdoba (guitarras), Fernando Samalea (batería), Fernando Nalé
(bajo), Leandro Fresco (programación) y Anita Alvarez (coros) son una buena compañía para Cerati,
tocan sin pretender protagonismo y no obstante son tan personales como exactos.
“Perdonar es divino” de “Bocanada”, “Uno entre mil” de
“Ahí vamos” y “Artefacto” de “Siempre es hoy” interrumpieron la
seguidilla de temas del “Fuerza natural”, que Cerati retomó con “Rapto”,
“Domino” y “Sal”. El público respondió bailando, saludando a
“Camuflage” y divirtiéndose con la letra de “He visto a Lucy”.
Luego fue el momento elegido para un break que terminó con un Cerati vestido de blanco que
entonó “A merced” de “11 episodios sinfónicos” y un “Río Babel”
que el músico comparó con el Paraná. “Te llevo” antecedió a “Pulsar”, una
canción rara para estas lides, a “Marea de Venus” y a “Sudestada”. El set
se cerró con “La excepción”, ya casi un clásico, que tuvo hasta algunos puntos
extraídos de “Rebel, Rebel” de David Bowie.
Por supuesto que la despedida no fue tal y para los bises hubo una versión muy aplaudida de
“Crimen” y otra bien eléctrica de “Lago en el cielo”.
Como lo viene haciendo en su etapa solista, Cerati no sólo sedujo al público con su música y
su carisma sobre el escenario, sino que ofreció un espectáculo visual que sorprende. Aunque su
intención vanguardista a veces se oponga a la obsesión de las masas de ver el pasado volver.































