El Papa Francisco, que clausuró ayer el sínodo de obispos sobre la familia, se juega el futuro de su apertura a las convivencias de divorciados y homosexuales con la carta de la transparencia, según los analistas.
La primera asamblea de obispos de todo el mundo convocada por Francisco en el Vaticano para debatir sobre los desafíos de la familia moderna se clausuró la noche del sábado tras dos semanas de labores con la aprobación por mayoría de un complejo documento final. Francisco decidió que se publicara toda la documentación, desde los borradores hasta las votaciones.
El texto, que no logró el consenso de dos tercios de los votantes en sólo tres de los 62 temas que aborda, para varios expertos representa un respaldo a las propuestas de reforma que impulsa Francisco, ya que todos los puntos, aún los más controvertidos, obtuvieron la mayoría simple.
Para el editorialista del diario Il Corriere della Sera, Gian Guido Vecchi, el Papa es el verdadero triunfador. “Fue decisiva la jugada de publicar todo el informe y de que se votara punto por punto. Eso no había ocurrido nunca en la Iglesia”, comentó.
La victoria de Francisco es la de haber logrado que las bases de la Iglesia abran este año los debates sobre temas tabú como la homosexualidad, el divorcio entre católicos, la convivencia y hasta la poligamia, según varios observadores.
Los obispos reconocieron que existen “elementos positivos en los matrimonios civiles y, con las debidas diferencias, en las convivencias”, algo nuevo para la Iglesia.





























