Leemos en estos días recriminaciones a responsables en lo que hace a construcción y organización del pabellón argentino en la Feria de Milán. Lamentablemente nada diferente a lo cotidiano. Quizás sin resignarse, deberíamos abogar por el éxito de nuestra presencia, a posteriori iniciar todo proceso esclarecedor. Mostrar Argentina en toda su magnitud es la prioridad, su potencialidad productiva, la generosidad de su pueblo en que habitan emigrantes de la vieja Europa, las posibilidades de crecimiento como normativas que garanticen inversiones. Desde luego, enviar parlantes de lenguas europeas para facilitar las mejores informaciones. Posee Argentina prestigiosos colegios bilingües, becando por ejemplo, la eficiencia de alumnos y profesores. Lo deseo por el bien del país y generaciones futuras. Lamentablemente, no quisiera que se repita lo vivido en Roma, en septiembre de 2014. Yendo el día jueves 18, con mi señora a la iglesia Santa María Maggiori, Piazza dell' Esquilino, necesariamente debo pasar frente a la Embajada Argentina, en que observo una carpa con carteleras visibles que anunciaban "Primavera argentina en Europa". Roma 18/19 septiembre 2014". Me interesó el programa del día viernes 19 a las 16, a saber: a) Muestras de Artistas Argentinos —Caloi, Fontanarrosa y Crist. b) Filme acerca de Buenos Aires como regiones turísticas. c) Concierto, Arias de Operas Clásicas Italianas, a cargo del maestro Armando Krieger. Invité a unos amigos italianos interesados en visitar Argentina. En Italia, como en el mundo, los horarios se respetan. Anunciado para las 16, nos encontramos frente a la embajada a las 15,45, nada sugería su comienzo. A las 16,15 pregunté a unas señoritas, recepcionistas, las que desconocían los motivos de la demora. Ante los hechos, sugerí tomar un café con mis invitados. Concurrimos a un lugar muy próximo, donde con preocupación, podía observar la carpa. Ante las dilaciones, volví a la puerta de la embajada y pregunté qué pasaba, respondió una persona mayor, "qui nessuno sa niente". Avergonzado, solo atiné a decirles a mis invitados, siendo las 17,10 que se había suspendido el programa por fuerza mayor. Despedidas de práctica, y luego de un breve paseo, debí pasar nuevamente frente a la embajada, me dirigía a Piazza di Spagna, pasadas las 18,50, observo que todo seguía igual, desorden de por medio. Indignado me acerqué y reclamé a una señorita, que evidentemente algún cargo tenía, y solo atinó a contestarme: "Ya va a empezar, quédese que luego servimos una buena paella", evité contestarle. Esta triste y aflictiva situación inspira esta carta, con objeto y fin de evitar reiterar situaciones similares en la Feria de Milan.



































