Los profesionales que componen el staff de los efectores públicos siguen los pasos y el ejemplo de René Favaloro. Actitud irreprochable ante cada caso, toda la seriedad y el compromiso para buscar la solución más rápida y positiva. En la salud pública, como ante los ojos de Dios, somos todos iguales. Además de la capacidad profesional de los médicos y enfermeros está lo otro, que es mucho más valioso: el cariño, la atención priviligiada, la preocupación constante para que el paciente se sienta cuidado, protegido, sabiendo que cuando ingresa a un hospital donde no tiene que desembolsar ni un peso, tendrá la más celosa y profunda ayuda para salir adelante. Antes de hablar mal de la salud pública piense en los hombres y mujeres que con tanto amor se dedican, segundo a segundo, a salvar vidas sin pedir ningún plus especial. Lo hacen de corazón, con dignidad y muchísimo amor, como el inolvidable Favaloro. No se confunda ni mezcle las cosas. No meta la salud pública en ninguna discusión política. Los que velan por sus vidas no se lo merecen. Y ellos, los médicos y enfermeros, son los que hacen grandes y confiables a los hospitales públicos. El miércoles 18 de junio ingresé al Roque Sáenz Peña con terribles dolores abdominales. Con toda celeridad (ecografía y distintos análisis) descubrieron que padecía una pancreatitis aguda. Como el Roque está en reparación, por intermedio del doctor Andrés Castellarín, me trasladaron al Hospital Provincial. Allí, en la guardia, entre presos e indigentes, admiraba cómo los médicos se movían a la velocidad del rayo para buscar la más rápida salida a todos los problemas que se les presentaban. Hay que tener paciencia, pero vale la pena. Después llegó la internación en la sala 2 del segundo piso. Jueves y viernes suero y medicamentos, el sábado y domingo agregaron dieta líquida. Siempre con la más esmerada atención y una amabilidad y corazón enormes (y eso que provoqué problemas, porque la Selección Argentina me hizo subir la presión y hubo corridas extras). El lunes 23, al mediodía, fue la intervención quirúrgica donde me extirparon la vesícula. Los cálculos hicieron estragos. Pronto a cumplir los 61 pisé por primera vez un quirófano y en ningún momento sentí temor porque sabía que estaba muy bien protegido. Desde que regresé a mi cama 222 comencé una recuperación excelente que derivó en el alta al día siguiente. No tengo obra social ni prepaga, pero estoy tranquilo porque la salud pública y el corazón de Favaloro me protegen. Gracias a ese grupo de jóvenes profesionales, por el ejemplo y el profesionalismo, y porque además de salvar vidas nos brindan las fuerzas para asegurar que vale la pena seguir apostando por mi país.
Octavio Eliseo Trillini
DNI 10.662.560
La razón resulta ser la virtud capaz de otorgar coherencias o contraposiciones al proceder de cada individuo. Hoy los hechos que suceden en la Iglesia Católica y las preocupaciones del Papa Francisco vienen a comprobar que la razón de las personas es siempre limitada, por consiguiente, no caben dudas de que existen verdades que son superiores a ellas. Como ejemplo vemos a los ateos, tan fundamentalistas y dogmáticos como los creyentes, al ver de qué modo los creyentes actúan como ateos respecto de las creencias y religiones que no son la suya. Demostrando que las religiones en sus dogmas no tienen por qué ser inmunes a los criterios tipo estándar de verificación que aplicamos a cualquier ámbito de la vida. Del mismo modo resulta necesario analizar y cuestionar a sus representantes, en particular de la Iglesia Católica, a cuyo dogma de fe adhiero. Quienes deben despertar del sueño, de que han venido y están para hacer algo por la humanidad, porque esto ha dejado de ser cierto, y hoy por hoy, es por ellos mismos por quienes deben preocuparse en hacerlo, en procura de recuperar la dañada confianza en la institución. Tolstoi dijo, como puñetazo en las narices de cierta gente: “Todo hombre piensa en cambiar el mundo, nadie piensa en cambiarse a sí mismo”. La adhesión y la doctrina coadyuvan a experimentar el sentido de pertenencia a una comunidad, sentimiento que la Iglesia institución está dañando desde hace tiempo. “Haced lo que yo digo pero no lo que yo hago”, frase a tener en cuenta, a la vista de tanta prédica borrada por malos procederes. La iglesia institución ha olvidado expulsar los mercaderes del templo, negando el Evangelio, logrando confundir el dogma y la verdadera necesidad de sus fieles, con políticas y negociados. El Episcopado argentino en un reciente comunicado, expresa: “Exigimos ejemplaridad en los que poseen distintos grados de responsabilidad”. Reclamo burdamente dirigido a la búsqueda política de la opinión de la plaza publica, por sobre la importancia del derecho y la propia obligación. Esta misma Iglesia en 1977, año en que el Estado secuestraba, torturaba y arrojaba ciudadanos desde un avión al río de la Plata, luego de “confraternizar” con la Junta Militar, por boca de monseñor Idefonso Sanserra, obispo de San Juan, comunica: “Al término de la exposición de los señores generales hubo un provechoso cambio de opiniones dentro de un clima verdaderamente cristiano y patriótico”. Triste modo de negar el dogma, primando la connivencia, falseando el amor y protegiendo el odio, que muchos no hemos olvidado. Sería espiritualmente beneficioso oír palabras utilizadas desde la recuperación de estos males, no desde el arrepentimiento tardío, como ya ha sucedido, sino desde el júbilo que representa la verdadera sinceridad, que exige como corresponde, pero que también se involucra, admitiendo culpas y compartiendo esfuerzos y proyectos. Sólo la palabra de Dios será verdad eterna, la de los hombres, dañada por la falsedad, quedará en la mera importancia de quien ocasionalmente lo ha dicho y a quien le quepa el sayo que se lo ponga.
Norberto Ivaldi
La culpa es compartida
Días pasados leí que en Canadá la impuntualidad es considerada una falta de respeto. Pero, además, si vas de visita a la casa de amigos o familiares y no avisás con anticipación, también lo ven como una falta de respeto. Me dirás que los canadienses son estructurados, que esto es una exageración. Creo que así es como funciona un país. La conducta de los pobladores hacen o deshacen a una nación. Pueden haber excelentes gobernantes, aunque si los habitantes realizan todo al revés, las buenas intenciones de los gobernantes son eclipsadas. Es cierto que depende también de la educación y enseñanza familiar y escolar, pero... En la Argentina, muchos de los episodios que acontecen cotidianamente implican pésimos desempeños de sus habitantes. Acá, le restan importancia a situaciones que en otros países son imprescindibles para una mejor convivencia humana. En algún momento, habrá que hacer un examen de lo interior para aceptar que no solamente los gobernantes realizan mal sus deberes, ¿acaso numerosos sujetos no demuestran ser los campeones de la desobediencia cuando se solicita cumplimiento de ciertas normas? ¿No es verdad que a mucha gente le importa un bledo cruzar un semáforo en rojo, llegar tarde a una reunión familiar o laboral, arrojar papeles en la vía pública, adelantarse a los demás cuando forman filas? A veces, gran parte de la sociedad argentina es culpable por no colaborar para hacer un país mejor. Está mal responsabilizar siempre a quienes gobiernan. Hay que mirar hacia nuestro interior y, a partir de los errores, intentar cambiar los hábitos inconducentes.
Marcelo Malvestitti
Turnos para el DNI
Decir lamentable la gestión de este municipio es mala palabra. Pero hete aquí la cuestión: hace un mes estamos infructuosamente intentando obtener un turno para sacar el nuevo documento, tres integrantes de nuestra familia. A cualquier hora del día, hasta de madrugada. Cartelito que dice: “Todos los turnos ya se encuentran asignados, lo invitamos a que intente más tarde o se comunique a la oficina más cercana a su domicilio”. O sea, en todos los distritos están asignados todos los turnos y por supuesto la oficina más cercana no atiende el teléfono, o si por alguna coincidencia alguien estaba aburrido te atiende y te dice sistemáticamente que los turnos hay que sacarlos por internet, pero nosotros seguimos abonando los impuestos más caros de la historia del socialismo que ya me olvidé si fueron tres o cuatro los aumentos durante la actual gestión. Perdón, abonamos los sueldos de todos los que pertenecen a la planta permanente y a los contratados y a los que van a contratar. ¿Cuándo se van a dignar a hacer las cosas como se debe?
DNI 11.448.450
DNI 12.527.636
DNI 25.979.829
Publicidad mundialista
El pasado sábado 7 de junio, en el partido amistoso de fútbol contra Eslovenia, se desplegó en el estadio una gran bandera celeste y blanca de 70 por 30 metros con esta inscripción: “Vamos Argentina” en la franja superior celeste, “Vamos Carajo” en la franja central blanca, y “Quilmes” en la franja inferior celeste. La cervecera también lanzó un comercial mundialista titulado “Vamos Carajo”, como grito de aliento a la Selección. El spot refleja ese instante de tensión, ansiedad y nerviosismo previo a la salida a la cancha de los jugadores, cuando cada argentino se siente parte del equipo. En él se escucha “carajo” muchas veces. Respetando la libertad de pensamiento y de expresión y más allá del significado que se haya querido dar al vocablo, para algunos puede resultarnos de mal gusto su empleo en una publicidad difundida por un medio de comunicación masiva como la televisión. En el diccionario de la Real Academia Española, vigésima primera edición, encontramos: “Carajo m. pene, miembro viril. Es voz malsonante / 2 Úsase como interjección / irse al carajo. fam. echarse algo a perder, tener mal fin / mandar a alguien al carajo. fam. rechazarle con insolencia y desdén / no valer un carajo. fam. no valer o servir de nada o para nada”. Para no decir carajo se pudo usar un eufemismo: “canejo”, término empleado por José Hernández en El Gaucho Martín Fierro: “¡Ah! ¡si partía el corazón / ver tantos males, canejo!” (capítulo 3).
Carlos Alberto Parachú
DNI 6.012.558
Quejas para todos
Con Prefectura y Gendarmería está todo mal. Seguimos viendo numerosos hechos delictivos en las noticias, pero todos los días cuando salgo de la fábrica, después de trabajar 10 horas, me para Prefectura y me tiene 15 minutos en averiguaciones, mías y de mi vehículo, mientras se ríen y uno como un idiota esperando. Otro tema. Pagás peajes en esta provincia y todo está roto, el peaje no se hace responsable de nada. Otro tema. Quiero hacer un trámite en la telefónica Personal y ya llevo cinco veces haciendo cola sin que nadie me solucione el problema, en mi casa tenemos quemado el módem de internet. Otro tema. Cablevisión ya programó cinco visitas y no vinieron, como si nuestro tiempo no valiera nada. Hay falta de agua, las calles de la ciudad todas rotas. Señores gobernantes, ¿cuándo se van a poner los pantalones largos y predisponerse a trabajar?
Oscar Giozue
DNI 8.363.493