Desde 1999 vengo manifestando que el proceso de erosión y socavamiento de las costas del río Paraná se seguirá produciendo a ritmo acelerado si no se atemperan las consecuencias del dragado y si no se asumen conductas para minimizar el daño. Si se analizan los fenómenos concurrentes que interactúan para provocar los socavones en las costas, se debe realizar este análisis desprendiéndose de situaciones condicionantes de cualquier naturaleza para que el resultado del proceso analítico se ajuste lo más posible a la realidad. El complejo geomorfológico del Paraná lo conforman su lecho, los márgenes, su perfil, que interactúan con las crecientes, bajantes, marejadas, etcétera, y desde el año 1999 el dragado para aumentar la profundidad del río y permitir que lo transiten buques de mayor calado y de mayor capacidad de carga. De todas estas variables la que más se ha movido ha sido el dragado, que con el aumento de la profundidad ha incidido en los márgenes de las islas, que son aluvionales, transformando las playas en barrancas y éstas fácilmente erosionables con la consecuente tendencia ha la desaparición. Así, la ciudad pierde su pulmón y la zona su humedal. En la ribera opuesta, conformada por barranca compuestas de distintos materiales como limo, arcilla, arena y rocas de distinta era geológica, los efectos de la degradación se dan primero en los materiales más arrastrables. Esto provoca el descalce de la más sólida que termina sucumbiendo al proceso de degradación y aparecen los socavones. Este proceso sigue y aumenta el riesgo para las construcciones ribereñas y a su población si no se toman medidas, que las hay, para minimizar estas consecuencias. Si sólo se destinaría una pequeña parte de lo producido por los beneficios que otorga el aumento de calado de los buques, se tendrían los recursos para mitigar, reparar y evitar los efectos indeseables del procedimiento y no tendríamos que lamentar desgracias mayores que se producirán indefectiblemente en el futuro. Pero también creo que esto a nadie le interesa. Espero equivocarme.

































