Siempre me apasionó uno de los mitos griegos que creo yo da muestra del significado más primario y puro de la palabra enseñar. Prometeo, quien era tío de Zeus, no duda en brindarle a los mortales el fuego que él mismo robó del carro de Apolo: su objetivo era no sólo burlarse de los dioses, sino iluminar la vida fría y de ignorancia que padecían los seres humanos. LLevó ese fuego sagrado a ese inframundo y los hombres conocieron el fuego y ese fuego que era conocimiento y poder en sí mismo les permitió entender mejor el mundo y ser tan conscientes como un dios o titán, sobre su propio universo, desde luego Prometeo fue castigado. Hoy en día los docentes deben defenderse moralmente de quienes creen que la docencia debe ser remunerada como cualquier otra tarea. Y si bien todos los trabajos son dignos, la ideología desintegradora de las políticas públicas estériles nos ponen pobres contra pobres. Entrar en el aula y trabajar es avivar el sueño de un mundo mejor, de querer que esos niños nos superen y sean mejores, dignos de este suelo y este cielo.




































