Soy docente de educación especial y trabajo en una escuela pública de la ciudad de Capitán Bermúdez, donde asisten niños y niñas con problemas de aprendizaje, retraso mental y otras patologías que afectan los modos y los tiempos de aprender. Siento la necesidad de contarles que esta escuela especial Nº 2059 el próximo 30 de junio cumple 30 años de vida. Y, como en todo balance de cumpleaños, vamos a brindar por todo lo que significa una escuela especial; la oportunidad de muchos chicos de incluirse en el mundo escolar, la orientación y el acompañamiento a las familias y la voluntad de los docentes de aceptar desafíos para que cada persona sienta la confianza de aprender. Y en el cumpleaños Nº 30 volveremos a desear tener un edificio propio. Como cada año, repetimos la solicitud verbal frente a las autoridades en turno del Ministerio de Educación. Nos suelen decir que no es algo urgente. Pero nosotros, que vivimos encontrando respuestas posibles para niños y niñas que aprenden de modo diferentes, vamos a brindar por una respuesta imposible, por el sueño de enseñar en un edificio propio, por la esperanza frágil de que un funcionario provincial escuche con responsabilidad, por la dignidad de ofrecer calidad educativa, por el sueño de sentirnos reconocidos como dueños de nuestro ejercicio diario, ser escuela.






























