El gobierno municipal, fiel a su inveterada costumbre, ha mostrado particular diligencia en la tarea de “maquillaje” que viene realizando, en estos últimos meses sobre algunos sectores de la ciudad. Pretende obtener de ese modo el mayor rédito político (un episodio más en la eterna lucha por el poder), atrayendo la atención de los habitantes hacia un evento de innegable trascendencia mundial que ya se encuentra en marcha: el Rally Dakar. Se trata de un intento estéril, encaminado a mimetizar la agobiante realidad que soportamos a diario los habitantes de la “Cuna de la Bandera”, valiéndose de un acontecimiento dotado de efímera espectacularidad. Ya no resulta tan fácil embaucar a la gente. Como es habitual, se exhibe a modo de trofeo la conclusión de una obra largamente reclamada: la reparación parcial de un tramo del acceso a la urbe (avenida Pellegrini-Circunvalación), ejecutada con el frenesí propio de las tareas que se realizan en medio de circunstancias apremiantes. El tiempo pondrá a prueba la calidad de esos trabajos finiquitados bajo el imperativo de la urgencia. La reactivación circunstancial del alicaído Aeropuerto Islas Malvinas y algún que otro arreglo meramente cosmético –accionar típico de esta administración comunal–, son otros de los “logros” que el equipo gobernante presenta como prueba irrefutable de una pretendida gestión eficiente, pero que en los hechos se caracteriza por una sistemática falta de respuestas a la ciudadanía. Resulta suficiente una atención superficial a las noticias que diariamente difunden los medios de comunicación y redes sociales para imponerse de los dramas cotidianos que soportan los pobladores y un significativo porcentaje de los viajeros que visitan Rosario. Una ciudad donde se advierte una carencia alarmante en la calidad de los servicios públicos cuya prestación incumbe esencialmente al Estado, y en particular al municipio. A este último le corresponde garantizar el óptimo desenvolvimiento de las personas que despliegan su existencia dentro del radio de su competencia territorial. Y se encuentra muy lejos de esa meta. El show mediático protagonizado por vehículos, corredores, mecánicos, asistentes, obsecuentes funcionarios y allegados que exhiben para la ocasión sonrisas que rememoran la de un grotesco personaje de historieta –el Guasón– , concluirá abruptamente cuando la última máquina abandone esta ciudad afectada por un alarmante grado de insuficiencia en la prestación de servicios esenciales (seguridad, luz, agua, pavimentación, limpieza, obras de salubridad, educación, entre otros) que conspiran gravemente contra su habitabilidad. Los gobernantes (en este caso quienes tienen a su cargo la gestión municipal) deben priorizar aquellos actos de gobierno que contemplen la satisfacción del interés general de los habitantes en forma sostenida, aunque esas realizaciones no se destaquen en las primeras planas de los diarios o sean tratadas con similar indiferencia por los otros medios de comunicación. Se trata de tareas que en ocasiones pasan inadvertidas pero fundamentales si se pretende que Rosario vuelva a ser una ciudad digna de ser vivida.
Jorge Arévalo. DNI 10.189.789




































