En la clásica novela del escritor George Orwell, “1984”, la neolengua era la forma de lenguaje que había impuesto el partido dominante “El Gran Hermano”, donde las cosas, a través del idioma eran renombradas, resignificadas, y muchas veces directamente suprimidas. Por ejemplo el “ingsoc” es en neolengua el socialismo inglés; o el “crimen tal”, era el crimen cometido con la mente. Hasta aquí Orwell. Ahora, desde un corto tiempo a esta parte, parece haberse apoderado de los titulares santafesinos una neolengua o un narcolenguaje. No impuesto esta vez desde el Estado, sino de los propios actores de esta realidad social. Policías, malvivientes, vecinos, medios de comunicación, ciudadanos de a pie han instalado palabras que hasta hace poco nos eran ajenas, o solamente familiares en películas mexicanas. “Búnker”, “Soldaditos”, “Carteles”, son palabras que se han apoderado de las noticias periodísticas, de las sentencias judiciales y van penetrando en el discurso social. Ello sin contar el agregado del prefijo narco a cualquier palabra relacionada: narcoescándalo, narcosocialismo y narcocomisarios. William Shakespeare marcó su tiempo a través de la elección perfecta y tendenciosa de su lenguaje. Alejandro Dolina delineó desde la radio y sus escritos el perfil del porteño, melancólico y atorrante. Nuestro querido Fontanarrosa hizo lo mismo con la idiosincrasia del rosarino futbolero y apasionado. ¿Estaremos asistiendo a la construcción de un neolenguaje proveniente del análisis delictivo? ¿Serán modismos que tienen su auge y mañana serán reemplazados por otros? Orwell nos enseñaba que una nueva construcción de la realidad necesita un nuevo idioma comunicante. ¿La narcorrealidad no nos estará narcoacostumbrando a hablar en el nuevo narcolenguaje? Espero que esto no sea así.































