Repasando una nota publicada en La Capital (13 de enero de 2016), cuyo título: "La crecida de los ríos hace estragos en el turismo de la costa santafesina", donde se da cuenta de que "En algunas zonas se retiene el 20 por ciento de las reservas. Sólo hasta ahora estiman pérdidas por 30 millones de pesos". También se subtitula "Cabañas inundadas, complejos cerrados, paradores inutilizados, y fiestas suspendidas forman parte de la realidad". La nota obedece a la reunión protagonizada por el ministro de la Producción, Luis Contigliani; y el de Gobierno, Pablo Farías; con representantes de municipios y comunas costeras para analizar el impacto de la emergencia hídrica que afecta al Paraná y sus afluentes. Posteriormente, el 16/01/2016, titula en la sección La Región: Lifschitz: "Afrontamos la emergencia hídrica mejor que hace 8 años"; y subtitula: "En un recorrido por zonas afectadas, el gobernador valoró las tareas realizadas por intendentes y presidentes comunales, en coordinación con la provincia". Es notorio que por lo menos hasta aquí, la atención de las autoridades provinciales se circunscribe al litoral santafesino ubicado sobre la costa de los grandes ríos, atención justificada por supuesto, atendiendo a la envergadura de sus dimensiones. Teníamos esperanzas de que con la nueva administración provincial, alguien fijara sus ojos en otra región que sufre cada vez con mayor asiduidad los embates del Niño. Nos referimos a la cuenca del Carcarañá, la que se ve afectada especialmente por las excesivas precipitaciones más localizadas sobre el sur de Córdoba y el oeste de Santa fe. Es sabido que este río, aunque de proporciones mucho menores, reúne algunas características únicas e incomparables, y goza, al igual que sus hermanos mayores, de una envidiable atracción turística. Como es lógico suponer, también cuenta con una importante cantidad de emprendimientos públicos y privados a lo largo de sus márgenes, en especial en los últimos tramos de su recorrido. Estos emprendimientos y todos los pobladores que ocupan sus márgenes se ven afectados cada vez con mayor frecuencia por los embates de las torrenciales lluvias que produce el Niño (tres inundaciones en 2015) inundando campos productivos, pequeños centros urbanos diseminados por toda la cuenca, volcando esa enorme masa de agua hacia el cauce del río, multiplicando su caudal y produciendo desbordes desastrosos que en pocas horas arrasa con todo a su paso, arrastrando productos industriales o agrícolas tóxicos con el daño ambiental resultante y fácilmente comprobable. También estos fenómenos provocan importantes daños materiales, ya que dan mucho menos tiempo para tomar precauciones y defenderse, con el agregado de la violencia del embate de las aguas. Nos parece injusto, por no decir discriminatorio, que el gobierno actual al igual que la administración anterior actúe como si no existiéramos. ¿Será necesario que se produzca otra evasión de narcos que elija nuestra cuenca para refugiarse y de este modo atraiga la atención sobre la misma? Necesitamos respuestas a los reclamos de nuestra región, necesitamos la búsqueda de soluciones sustentables, no pedimos asistencialismo, queremos que se analicen nuestras propuestas y se nos den respuestas o propuestas superadoras. ¡Necesitamos que se nos tenga en cuenta!

































