"Me acuerdo de haber hecho un solo disparo". Mario Alberto Garay, el empleado de
seguridad privada acusado de matar a a su ex novia de 24 años en Villa Gobernador Gálvez, confesó
ayer con detalles el crimen al ser indagado por la jueza que investiga el caso. El acusado, de 34
años, dijo no recordar haber vaciado el cargador de su pistola 9 milímetros cuando ultimó a la
chica de 16 balazos en la fiambrería donde ella trabajaba.
Garay fue indagado por el delito de homicidio agravado por uso de arma y la
portación sin permiso de una pistola de uso civil condicionado. Habló tres horas ante la jueza de
Instrucción Alejandra Rodenas, la fiscal Graciela Argüelles y su abogado defensor, Luis
Tomasevich.
La indagatoria se ordenó un día después de que el muchacho debiera recibir
asistencia médica porque intentó cortarse las venas en su celda en la alcaidía de Jefatura. Aunque
en su relato él presentó el acto homicida como corolario de una relación agobiante de la cual él
mismo era víctima, para los investigadores nada de lo que relató le quita responsabilidad ni atenúa
el tremendo ataque.
El homicidio fue el martes a las 9.20 en la fiambrería La Fábrica, de Eva Perón
y Garay, en Villa Diego. En ese lugar trabajaba Florencia Corbalán, una joven de 24 años separada y
madre de una nena de 8 años.
Los 16 disparos. Ese día, Garay llegó en su camioneta Nissan Pathfinder al
gimnasio en el que entrenaba dos veces por día y le anunció a su profesor: "Voy a hablar con mi
novia". Caminó 50 metros hasta el negocio, les dijo a las dos compañeras de Florencia que se
tiraran al suelo y llevó a la chica hasta un depósito donde efectuó los 16 disparos.
Esa secuencia fue confirmada ayer por Garay en un relato en el que describió un
vínculo tortuoso e inestable que según él sostenía con la chica desde diciembre de 2008, y que
había cesado por última vez el domingo 27 de septiembre pasado. Dijo que a lo largo de esa relación
con sucesivas interrupciones se sintió "atormentado por la figura de un ex novio de Florencia que
interfería en la relación", indicaron la jueza y la fiscal.
Sostuvo que ese hombre, llamado Marcelo, tenía un buen pasar económico, era
barrabrava de Newell"s y amigo de Pimpi Camino, el ex líder de la hinchada. De acuerdo con su
confesión, su novia lo amenazaba con que ese hombre en algún momento lo ajusticiaría. También dijo
haber sufrido celos por parte de Florencia, a quien definió como una chica "celosa, chinchuda y
ambiciosa" que siempre que cortaban le mandaba mensajes de texto y trataba de volver con él.
Según su versión, en el último tiempo comenzó a advertir que la chica consumía
drogas y él quiso "rescatarla". Contó que en una ocasión ella le pidió que la trasladara hasta una
villa de Rosario donde compró una bolsita con cocaína que consumió delante de él. Como eso lo
preocupaba, tiempo atrás habló con la madre de la víctima para ponerla al tanto de ese problema y
la mujer le agradeció que se lo comentara.
Pero el día antes del homicidio, según su confesión, la mamá de la víctima fue a
pagar cuentas a la financiera donde él trabajaba y no lo saludó. Como parecía enojada él se
preocupó, se acercó a la mujer y le preguntó qué le pasaba. De acuerdo con su relato, ella le
respondió "de mal modo" que estaba equivocado y que se alejara de su hija. "Todos mis compañeros me
decían que la dejara", reveló.
Ofuscado. En el incidente con su ex suegra se sintió desautorizado en público y
quedó molesto. Pensó que Florencia lo había "ensuciado": "Para mí convenció a su propia madre de
que el falopero era yo", le comentó esa tarde a su madre, con quien vivía. Al día siguiente puso un
pretexto para ir más tarde a trabajar y se dirigió al negocio donde trabajaba Florencia. Si bien
sabía que es un delito portar el arma sin permiso, la llevaba por costumbre y por miedo a
"Marcelo", a quien sólo había visto una vez.
Recuerda que, al entrar al negocio, ella pareció asustarse y se fue hacia una
habitación del fondo. El saltó el mostrador, la siguió y discutieron. "¿Qué estás diciendo que tu
vieja me bastardeó en la cola de Pago Fácil?", le reprochó. Dijo que ella volvió a asustarlo
hablando con Marcelo y le dirigió un insulto que él no pudo tolerar: "gordo puto". Entonces
disparó. "La última palabra fue gordo puto. Ahí saqué el arma", dijo. No retiene haber hecho más
que un disparo. Supone que otros proyectiles se dispararon por la presión sobre la pistola
semiautomática. Pero los tiros fueron por lo menos 16.
"No recuerdo cuántos disparos efectué. No sé qué quise hacer. La vi en el suelo.
Creo que me asusté. No me di cuenta de si estaba muerta, sí que la había herido", expresó.
Un vaso de agua. Estaba aturdido por el ruido de los disparos cuando se fue del
lugar y le costó manejar hasta su lugar de trabajo. En el camino cambió el cargador del arma. Sus
compañeros de la financiera advirtieron que estaba pálido y le preguntaron qué había pasado. El fue
a la oficina de uno de los directivos, le mandó un mensaje de texto de despedida a una amiga, pidió
un vaso de agua e intentó matarse. Gatilló cuatro veces, según dijo, pero no salió ningún disparo.
Sus compañeros lo retuvieron, le quitaron el arma y llamaron a la policía. "Allí les dije que le
disparé a mi novia. Que maté a mi novia. Cuando llegó la policía me entregué".