Tenemos la sana ambición de querer ganar unos pesos extras, divirtiéndonos, jugando en los juegos de azar. Es por ello que jugamos a la ruleta, el Quini 6, el Prode, Brinco, quiniela, entre otros, esperando ganar esos dineros que nos parecen inalcanzables. Qué ironía, en estos años de inflación lo único barato son los juegos de azar. Por otra parte, en nuestra ciudad luego de esperarlo por más de 50 años hoy tenemos el casino más grande de América Latina, de manera que como hemos esperado tanto tiempo, cómo no vamos a ir a jugar un rato con las máquinas, ruletas y otros juegos. Por supuesto, como dicen, el juego compulsivo es una enfermedad, pero en este caso no se trata de jugar compulsivamente, sino de hacerlo como una distracción y a la vez, paradójicamente, como un símbolo de adultez de esta, mi querida ciudad. Ciudad que cada día avanza sin prisa pero sin pausa y que sin que nos demos cuenta terminará transformándose en una gran ciudad. De manera destaco que no estoy promocionando el juego sino que como digo en estos días es lo más barato para gastar; siempre y cuando el mismo no nos deje más pobres de lo que somos. Por último, si te quedaste sin plata jugando, como dicen en mi barrio, acabás de pagar el impuesto al tonto.
































