Y así fue todo el partido, hasta que Rodrigo Palacio recuperó una pelota pasada la mitad de la cancha y se la dio a Messi. Leo encaró y cuando todo el mundo pensaba que le pegaba al arco, la soltó suavecita para que Di María, entrando por derecha, le cambiara el palo al bueno de Benaglio.
Hicieron falta 118 minutos para conseguir un mano a mano.
Argentina se puso en ventaja, festejó en uno de los rincones y al lado de su gente y después sufrió como nunca antes hasta ahora en esta Copa del Mundo. Ni siquiera en esos 118 minutos de sequía que precedieron a la tormenta del cierre del partido.
Dzemaili reventó un cabezazo en el palo a la jugada siguiente y el rebote le pegó en una pierna y se fue afuera. Hacía sólo 7 minutos que el jugador de Napoli estaba en la cancha.
Suiza atacaba con los 11. Literalmente. Con Benaglio también. Argentina no hacía pie. No se defendía, corría desesperado detrás de la pelota como en el campito. En un rechazo Di María la tomó cerca de la mitad de la cancha y le pegó desde ahí con Benaglio más cerca de Romero que de su arco. Se fue apenas afuera. Parecía el final, ya era suficiente.
Garay tocó a un delantero en la puerta del área y el remate de Shaqiri, que demoró una eternidad en ejecutar, pegó en la barrera. Ahí sí terminó.
Todo pasó en el final.
Antes hubo un partido abúlico, anodino, chato, sin sorpresa, casi una práctica en la que sobresalieron la marca férrea de Suiza, muy aplicado estratégicamente, y la impotencia de Argentina para generar juego.
El partido dejó actuaciones desconcertantes, con olor a cambios, aunque es improbable que Sabella modifique tanto a esta altura.
Federico Fernández, Gago e Higuaín deberían entrar seriamente en esa consideración. Se excluye de esta nómina a Zabaleta por considerarse que sus problemas están mucho más vinculados al desbalanceo del equipo que a sus defectos.
El nombre de Martín Demichelis adquiere cada vez más notoriedad. Es directamente proporcional con la muy floja actuación de Federico Fernández, que además parece que le pesara cada pelota que tiene que disputar.
Lo de Gago quizás sea más una cuestión física que futbolística, pero al fin y al cabo es lo mismo. Por una cosa u otra, no rinde.
La referencia para Higuaín es similar a la de Gago, con un solo agregado. Es probable que aún no tenga el ritmo futbolístico tras la lesión, pero el problema es encontrar el reemplazo. No hay en la selección un jugador de área como él. Es cierto que muchas veces se tira atrás y hacia los costados, y en ese aspecto podría tener un parecido con Palacio y con Lavezzi, pero ninguno tiene su oficio en el área.
Parece improbable y hasta podría considerarse inconveniente que Sabella cambie tanto a esta altura, pero el rendimiento de algunos jugadores es francamente deficitario.
Se explica, por si hace falta, que se piensa en un equipo que tenga chances de ser campeón del mundo y no sólo de hacer un papel digno.
Eso ya está. Ya alcanzó los cuartos de final como en 2006 y 2010. Y el dato sobresaliente es que esta vez el rival no será Alemania.
Otro triunfo ante Suiza
Argentina ya había derrotado a los helvéticos en un Mundial. Fue en Inglaterra 1966 cuando le ganó 2 a 0 con goles de Luis Artime y Ermindo Onega y pasó a octavos de final.