Ha comenzado el nuevo gobierno, y uno, como simple ciudadano, le desea éxito en su accionar porque si le va bien el país gana, nosotros, el pueblo, ganamos. Solamente razono, que nos mintieron hasta el último día, que nos dejaban una nación sin deudas, todo brillante. El cuento en cadena nacional se terminó. La realidad es que quedo una deuda pública de 239.959 millones de dólares. Dejan una herencia complicada, pero no se compara con ningún otro momento de la historia. Pero hay que despegarse de la soberbia y volver a la humildad de los grandes. Creo que todos podemos sugerir medidas, observaciones, que pueden ayudar. Tenemos un pueblo inteligente, y a los funcionarios les puede servir las sugerencias de los jóvenes, los jubilados, de todo el grupo humano pensante. Todos son necesarios. En otra carta sugerí que los pequeños de las villas miserias que van a la escuela tuvieran doble turno, con desayuno y almuerzo. Dije que nos aseguremos que estén alimentados, en su panza y su cerebro. Además que les enseñaran a tener una huerta, consumiendo lo que producen y disfrutando de la madre tierra. Sé que molesta mi afirmación, que la delincuencia, el asesinato, parte de la miseria, de los niños mal alimentados, sin educación, maltratados por padres borrachos, sin control del Estado, con punteros políticos que sólo sirven para tener un ingreso y no les importa cómo viven los niños. Es fácil pedir mucha policía, gendarmes, Prefectura Naval, pero nadie dice cuál es la solución para que desaparezca la delincuencia. No se verá inmediatamente, se verá con los años, pero tendremos una Argentina ejemplar. Ningún gobierno lo hizo, ni civiles, ni militares. Para hacerlo, se precisan estadistas. Este presidente tiene un buen equipo. No tiene el complejo de creer ser el único que sabe todo. Creo que es un estadista preparado, con un brillante equipo. No necesita un pueblo dividido. La unión hace la fuerza y los primeros beneficiados somos nosotros.



































